Harmony Albertini, autora y creadora de contenido, recibe a diario comentarios sobre su cuerpo y exhortaciones para que "se recupere". En lugar de guardar silencio, optó por responder directamente, en un discurso que se viralizó: no es su responsabilidad perder peso, sino que el mundo deje de discriminar.
"No me corresponde a mí perder peso".
Invitada por el medio Filtre, Harmony Albertini explica que la gordofobia no es solo una cuestión de "opiniones", sino una forma de discriminación que afecta todos los aspectos de la vida: espacios públicos, trabajo, salud e intimidad. Nos recuerda que ser gordo no implica necesariamente no ser saludable, y pide algo simple: que las personas se informen antes de juzgar. Ante mensajes como "eres demasiado gordo" o "eres el problema", invierte la perspectiva: no son los cuerpos los que deben conformarse, sino las normas las que deben dejar de castigar a quienes no encajan en el molde.
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Humillaciones que acechan en todas partes
En su relato, la creadora de contenido describe una vida cotidiana plagada de obstáculos: sillas demasiado estrechas en restaurantes, asientos de avión demasiado estrechos, atracciones o teatros donde no encaja del todo. Explica que constantemente le dicen que es su responsabilidad adaptarse —al espacio disponible, a las miradas, a los comentarios—, como si el mundo no estuviera diseñado para todos.
La violencia suele ser más brutal en la intimidad: los hombres le dicen que disfrutan de su compañía, pero se niegan a tener una relación hasta que baje de peso. Estas declaraciones encapsulan un doble rechazo: gordofóbico y misógino.
Una discriminación sistémica bien documentada
El mensaje de Harmony se basa en la realidad estadística. Una investigación citada por Gabrielle Deydier muestra que, en igualdad de condiciones, una mujer obesa tiene hasta ocho veces menos probabilidades de ser contratada, y un hombre obeso tres veces menos. Los salarios son más bajos, los ascensos son menos frecuentes y la gordofobia sigue siendo común en las empresas. Incluso en el mundo de la moda, donde los desfiles inclusivos han sido cada vez más aplaudidos, el "regreso a la delgadez", impulsado por el uso de Ozempic y productos similares, margina a las modelos de talla grande, relegando la positividad corporal a un mero "truco publicitario".
"El problema no son nuestros cuerpos".
Al negarse a que la pérdida de peso sea una condición para su felicidad, Harmony Albertini desafía la idea de que la delgadez es un requisito previo para el amor, el éxito o el respeto. Nos recuerda que perseguir un "cuerpo ideal" puede destruir más que "mejorar" una vida, especialmente cuando esta búsqueda se presenta como una obligación moral.
Su mensaje es clarísimo: no hay que perdonar la existencia de nuestros cuerpos. Lo que debe cambiar no son nuestras siluetas, sino las estructuras —desde los asientos estrechos hasta los reclutadores discriminatorios— y las actitudes que siguen creyendo que humillar a las personas gordas es una opinión y no un acto de violencia.
