Mirar la hora en el teléfono o el reloj parece inofensivo. Sin embargo, este simple acto revela cómo nuestro cerebro gestiona las acciones que se realizarán más tarde. Los psicólogos lo denominan memoria prospectiva basada en el tiempo, es decir, la capacidad de recordar hacer algo en un momento específico. Un estudio reciente demuestra que lo importante no es tanto la frecuencia con la que miramos la hora, sino cómo y cuándo lo hacemos.
¿Por qué los investigadores se interesaron por el reloj?
Los investigadores querían comprender por qué algunas personas respetan mejor sus intenciones temporales que otras y por qué esta capacidad disminuye con la edad. Se centraron en la monitorización del tiempo: esos momentos en los que miramos el reloj para ver si ha llegado el momento adecuado para actuar. Su conclusión es sorprendente: la estrategia importa más que la frecuencia.
Una experiencia cercana a la vida real
En el estudio, 223 adultos de entre 19 y 86 años realizaron una exigente tarea de memoria mientras recordaban pulsar una tecla cada 60 segundos. Un reloj estaba visible y de libre acceso, como en la vida cotidiana. Los investigadores analizaron el número total de miradas al reloj y su grado de concentración, o no, justo antes del momento clave.
Lo que revela tu manera de mirar el tiempo
Los resultados son claros. Quienes mejor rinden no son quienes miran la hora con más frecuencia, sino quienes la revisan principalmente cuando se acerca una fecha límite. Mirar la hora constantemente puede reflejar distracción o ansiedad sin mejorar la eficiencia. Por el contrario, una revisión puntual demuestra una buena gestión de la atención y capacidad de anticipación.
El papel de la edad en la gestión del tiempo
El estudio también muestra que el deterioro del rendimiento relacionado con la edad se explica en gran medida por un cambio en la forma de controlar el tiempo. Más de la mitad de las diferencias observadas se relacionan con una menor verificación estratégica. Esto significa que no solo la memoria cambia con la edad, sino también la forma en que nos sincronizamos con el tiempo, y esta estrategia puede desarrollarse.
Lo que esto cambia en la vida diaria
En la vida cotidiana, estos resultados nos animan a examinar nuestra propia relación con el reloj. Mirar la hora sin un plan no ayuda mucho. En cambio, decidir cuándo mirarla o confiar en recordatorios externos puede liberar nuestra atención.
En resumen, mirar la hora no es solo un reflejo. Es un indicador sutil pero poderoso de cómo gestionamos el tiempo y nuestras intenciones futuras. La verdadera pregunta no es con qué frecuencia miramos la hora, sino cuándo y con qué propósito.
