Dar a luz debería ser una aventura trascendental en el mejor sentido de la palabra. Sin embargo, para muchas mujeres, esta experiencia se ve empañada por palabras hirientes, acciones indeseadas o una profunda falta de comprensión. Tras los muros tranquilizadores de las salas de maternidad, a veces se esconde una realidad mucho menos idílica.
Un problema global que todavía se trivializa con demasiada frecuencia
En todo el mundo, mujeres relatan experiencias de parto duras, humillantes o deshumanizantes. Si bien la medicalización del parto ha generado mejoras drásticas en la seguridad, en ocasiones también ha distanciado el componente humano de la esencia de la atención. Durante varios años , la Organización Mundial de la Salud ha alertado sobre prácticas que van desde la negativa injustificada a aliviar el dolor hasta el uso de procedimientos médicos sin consentimiento, así como comentarios condescendientes o que infunden culpa.
Estas situaciones no se limitan a contextos precarios. Incluso en países con sistemas de salud eficientes, muchas mujeres reportan sentirse invisibles, o incluso desposeídas, de su propio parto. Sin embargo, la experiencia subjetiva de este parto juega un papel fundamental en la salud mental y emocional posparto. Un parto vivido como violento puede dejar cicatrices duraderas, mucho más allá de la sala de partos.
Francia, espejo de esta realidad
En Francia, un estudio ha puesto cifras sobre este sentimiento generalizado pero omnipresente. Casi una de cada cuatro mujeres afirma haber experimentado una atención percibida como irrespetuosa durante el parto. Esto puede manifestarse en comentarios inapropiados, un tono autoritario, falta de explicaciones o procedimientos realizados sin consentimiento.
Estos comportamientos, a veces minimizados, tienen, sin embargo, un impacto medible. Las mujeres afectadas presentan más síntomas de depresión posparto, con un riesgo significativamente mayor que la población general. En otras palabras, el clima emocional y relacional del parto influye directamente en el bienestar psicológico de las madres, tanto a corto como a largo plazo.
Una realidad compartida más allá de las fronteras
Este fenómeno no conoce fronteras. Investigaciones realizadas en África, Latinoamérica y el sur de Europa reflejan relatos similares: mujeres atadas sin explicación alguna, privadas de privacidad, amenazadas verbalmente o tratadas sin consideración por sus emociones ni decisiones. Algunas describen su parto como una experiencia traumática marcada por el miedo más que por la confianza.
Hablar abiertamente suele ser difícil. La vergüenza, el miedo a no ser creídos o la ambigüedad legal que rodea estas prácticas disuaden a las personas de compartir sus historias. Sin embargo, grupos, asociaciones e investigadores trabajan para documentar estas experiencias, darles voz y transformar estas narrativas en catalizadores del cambio.
Profundas consecuencias para la salud mental
Las repercusiones psicológicas de la atención irrespetuosa están claramente establecidas. Más allá de la depresión posparto, un número creciente de estudios destaca el estrés postraumático perinatal. Un parto vivido como una pérdida de control, una falta de respeto o una violación de la confianza puede tener un impacto duradero en la relación con uno mismo, con el propio cuerpo, con el bebé e incluso en futuros embarazos.
Estos trastornos no son raros ni insignificantes. Influyen en la calidad del vínculo madre-hijo, la autoestima y, en ocasiones, el deseo de ser madre a largo plazo. Por lo tanto, cuidar la salud mental perinatal es también cuidar de la sociedad en su conjunto.
Liberarse de la negación institucional
En muchos contextos, estas situaciones aún se consideran incidentes aislados, en lugar de síntomas de un sistema bajo presión. Sin embargo, las investigaciones demuestran que se trata de un fenómeno estructural, alimentado por equipos sobrecargados, falta de capacitación en comunicación, jerarquías rígidas y una cultura de la atención que, a veces, se centra más en el procedimiento que en la persona.
Afortunadamente, están surgiendo iniciativas. La capacitación en escucha activa, la integración explícita del consentimiento en los protocolos y el desarrollo del apoyo por parte de doulas o mediadores perinatales son vías prometedoras para humanizar las prácticas y empoderar a las mujeres.
Por una revolución suave pero decidida en el cuidado
Garantizar una atención respetuosa no es un lujo, sino una necesidad de salud pública. La OMS insta a priorizar la dignidad, la compasión, la comunicación y el consentimiento durante el parto. No se trata de enfrentar a las mujeres con los profesionales de la salud, sino de construir juntos una cultura de la atención basada en la confianza, la cooperación y el respeto mutuo.
En resumen, un parto verdaderamente exitoso no se mide únicamente por parámetros médicos. También se reconoce por la sensación de seguridad, apoyo y fortaleza interior que experimenta la mujer. Brindar esto permite a las madres comenzar su camino como madres con fortaleza, serenidad y confianza; y, en definitiva, es el mayor regalo que el sistema de salud les puede brindar.
