Cuello rígido, hombros tensos, espalda que necesita un respiro: después de un largo día de trabajo, el cuerpo necesita relajarse. Unas cuantas posturas suaves de yoga pueden ayudar a crear un momento de relajación, sin ninguna presión. Unos 15 minutos pueden ser suficientes para desconectar.
Comencemos por poner la columna en movimiento nuevamente.
Tras varias horas en la misma posición, la postura del gato-vaca ayuda a recuperar gradualmente la movilidad. Empieza a cuatro patas, con las manos bajo los hombros y las rodillas bajo las caderas. Al inhalar, arquea suavemente la espalda. Al exhalar, redondea la columna, llevando ligeramente la barbilla hacia el pecho. Repite esto unas diez veces, despacio y con suavidad, centrándote en la fluidez más que en la profundidad. La idea no es «corregir» el cuerpo, sino simplemente ofrecerle algo de movimiento después de un día que suele ser muy estático.
Dale un respiro a tu zona lumbar.
Desde la posición de cuadrupedia, lleva gradualmente las caderas hacia los talones y extiende los brazos hacia adelante para adoptar la postura del niño. Puedes apoyar la frente en el suelo si te resulta cómodo. Mantén esta postura de uno a dos minutos, respirando con naturalidad y sin forzarla más de lo que te resulte cómodo. Si las caderas quedan lejos de los talones, un cojín puede proporcionarte mayor comodidad. Esta postura puede ser una verdadera transición entre la jornada laboral y la noche, siempre que te resulte una experiencia agradable.
Deja espacio para las caderas
Estar sentado durante mucho tiempo puede provocar rigidez en las caderas. La postura de la mariposa es una forma suave de movilizar esta zona. Sentado, junta las plantas de los pies y deja que las rodillas se abran naturalmente hacia los lados. Si lo deseas, inclina ligeramente el torso hacia adelante. No es necesario empujar con las rodillas ni intentar bajar más: simplemente deja que la postura evolucione con tu respiración. Uno o dos minutos pueden ser suficientes para que te tomes el tiempo necesario para sentir qué te sienta bien.
Piernas contra la pared: un descanso suave
¿Necesitas relajarte por completo? Acuéstate boca arriba y apoya las piernas contra la pared, lo más cómodamente posible. Puedes dejar los brazos a los lados. Esta postura, que suele agradecerse después de un largo día de pie o sentado, ofrece principalmente un momento de calma y descanso. Mantente así durante unos minutos, hasta cinco o diez si te apetece. Recuerda que no es una postura milagrosa: a algunas personas les resultará muy beneficiosa, a otras no tanto.
Termina con un giro cómodo
Finalmente, acuéstese boca arriba y lleve una rodilla hacia usted. Luego, gírela suavemente hacia el lado opuesto, mirando hacia el otro lado si le resulta cómodo. Mantenga los hombros lo más relajados posible. Un minuto en cada lado es suficiente. El giro debe ser suave: no es necesario estirar demasiado ni sentir un estiramiento intenso.
En resumen, esta pequeña rutina puede convertirse en un agradable ritual al final del día, pero no necesariamente es adecuada para todos, y sus efectos pueden variar de persona a persona. Una postura que resulta cómoda para algunos puede ser incómoda para otros. Por lo tanto, la mejor guía es cómo te sientes. Si tienes problemas de espalda, cuello o rodillas, estás embarazada o tienes problemas articulares, es recomendable consultar con un profesional de la salud antes de comenzar.
