¿Y si una simple aspiradora colocada sobre dos muebles o una esponja bien escurrida pudieran reavivar tu deseo? Según un estudio, la división de las tareas domésticas en una relación puede influir en la libido. Y tu pareja no necesita sacar a relucir su lado más sensual con un simple delantal para lavar los platos, ni transformar la escoba en una barra de pole dance al ritmo de Dirty Dancing para que surja la magia. Simplemente necesita participar en las tareas del hogar sin que tengas que recordárselo con notas adhesivas en la nevera.
Cuando la carga mental invade el dormitorio
Durante mucho tiempo, las tareas domésticas se presentaron como un asunto puramente práctico: quién saca la basura, quién pone la lavadora, quién se acuerda de comprar más detergente para platos. Sin embargo, tras estas tareas cotidianas se esconde una realidad mucho más íntima. Cuando uno solo de los miembros de la pareja carga con la responsabilidad de organizar el hogar, programar las citas médicas de los niños, hacer la compra, lavar la ropa y ocuparse de los miles de detalles invisibles que mantienen a la familia en funcionamiento, rara vez queda espacio para la espontaneidad.
Por el contrario, cuando una pareja participa espontáneamente en las tareas del hogar, sin esperar a que se le asigne una como si fuera un becario en prácticas, transmite un mensaje poderoso: «Somos un equipo». Y este sentimiento de apoyo a veces actúa como un verdadero afrodisíaco emocional. Porque el deseo no nace solo en el dormitorio. También se construye en la vida cotidiana, en esos pequeños gestos que demuestran a la otra persona que no está sola al compartir la carga de la organización familiar.
Sin embargo, según una encuesta realizada por el Observatorio Francés de la Desigualdad, las mujeres dedican un promedio de 3 horas y 26 minutos diarios a las tareas domésticas, frente a las 2 horas de los hombres. Invierten más tiempo puliendo muebles y lavando platos que aseando a sus parejas, quienes se beneficiarían de participar en las tareas del hogar.
Compartir tareas, una forma de romanticismo moderno.
Olvídese de los ramos de rosas entregados en la oficina o de las grandes y apasionadas declaraciones de amor. Para muchas personas, ver a su pareja vaciar el lavavajillas sin que se lo pidan o limpiar el baño por iniciativa propia se ha convertido en un gesto especialmente atractivo.
Esta atracción no surge de las tareas domésticas en sí mismas. Nadie se enamora de una aspiradora. Lo atractivo reside en lo que representan: implicación, consideración y respeto. Como resumió la sexóloga Céline Vendé para Doctissimo , un reparto más equitativo de las tareas reduce las frustraciones y fomenta una conexión emocional más fuerte. Menos resentimiento suele traducirse en mayor complicidad, ternura y disponibilidad dentro de la pareja.
Además, un estudio realizado con más de 1000 parejas casadas durante varias décadas muestra que la satisfacción sexual es mayor cuando los miembros de la pareja perciben que la división de tareas es justa y equilibrada. Por el contrario, cuando uno de los miembros siente que hace mucho más que el otro, la satisfacción general tiende a disminuir.
¿Cómo podemos hacer que las tareas domésticas resulten más atractivas?
Fregar el suelo, sacar la basura, barrer las migas, desinfectar el inodoro… Estas actividades, aunque alimenten algunas fantasías particulares, no son precisamente las más románticas del mundo. Rara vez aparecen en las recomendaciones románticas de las revistas, que prefieren cenas a la luz de las velas o paseos bajo las estrellas.
Si bien en las comedias románticas las tareas domésticas suelen convertirse en una emocionante batalla de espuma, en la vida real es más probable que te encuentres con el pelo recogido en un moño, guantes de látex bien puestos y overol. Sin embargo, las tareas del hogar pueden ser una oportunidad para fortalecer vuestro vínculo y revitalizar vuestra relación. En lugar de turnarse, limpiad juntos, como un equipo. Uno lava los platos, el otro los seca. Uno barre, el otro friega.
Puedes darle un toque picante a estas actividades rutinarias añadiendo algunos retos. ¿Por qué no crear un frasco con pequeños retos donde escribas la tarea en un papel y el castigo en otro? Por ejemplo: "Limpiar el suelo como si fuera un lavadero de coches" o "Doblar la ropa bailando al ritmo de 'Hips Don't Lie'". Así, las tareas parecerán más un juego previo que una tarea desagradable.
Prueba de que el deseo va mucho más allá de la apariencia física.
Este estudio, en definitiva, nos recuerda algo fundamental: el deseo no es solo cuestión de apariencia o de química instantánea. También se nutre de la sensación de ser comprendido, respetado y apoyado.
Así que no, fregar el suelo no convierte automáticamente a alguien en un héroe de película romántica. Pero participar activamente en las tareas del hogar, sin necesidad de dar instrucciones ni recordárselo constantemente, puede fortalecer los lazos familiares mucho más de lo que uno podría imaginar.
Al fin y al cabo, en una relación, compartir las tareas cotidianas también implica compartir la carga mental. Y a veces, precisamente eso es lo que permite que el deseo encuentre un pequeño espacio para expresarse.
