Tras años de dietas yo-yo y culpa por la comida, Arpita Nandi, contadora de Kalkallo, Australia, encontró un camino diferente. En lugar de centrarse en su peso, decidió replantearse su relación con la comida y su cuerpo para redescubrir el placer, la energía y la confianza en sí misma.
Cuando la cocina se convierte en un refugio… y una trampa
Durante el confinamiento, cocinar era mucho más que una simple comida para Arpita: era consuelo, un momento de creatividad y alegría. «Mi felicidad diaria era cocinar. Era mi único placer fuera del trabajo», confiesa . Pero poco a poco, las comidas copiosas y los hábitos arraigados empezaron a afectar su bienestar físico y mental.
Esta observación es muy común: todos podemos encontrar consuelo en lo que nos nutre, y no hay nada de malo en ello. El verdadero reto, como descubrió Arpita, no es "corregir" su cuerpo, sino encontrar el equilibrio interior y reconectar con sus verdaderas necesidades.
El punto de inflexión: escucharse a uno mismo y al propio cuerpo
Para Arpita, el punto de inflexión no llegó al ver un número en la báscula, sino al tomar conciencia de su estado emocional y físico. "Me sentía agotada y desconectada de mí misma. Me di cuenta de que la única persona que podía ayudarme era yo misma", explica. Entonces buscó comprender por qué comía, cómo reaccionaba su cuerpo y cómo sus hábitos alimenticios reflejaban su vida diaria.
Con la ayuda de psicólogos y coaches, trabajó en su imagen corporal y su relación con la comida. El objetivo no era cambiar su cuerpo ni castigarse por cada desliz, sino aprender a escuchar a su cuerpo, a comer sin culpa y a redescubrir la alegría de comer.
Un método sencillo: placer y equilibrio
Arpita reorganizó gradualmente sus comidas, no para perder peso, sino para sentirse bien y satisfecha. Descubrió que jugar con el tamaño de las porciones, añadir frutas y verduras y planificar sus comidas le daba vitalidad sin sentirse nunca privada. Sigue cocinando lo que le gusta, pero con atención plena y disfrutando.
También incorpora actividades físicas suaves (yoga, meditación y caminatas) para fomentar su bienestar general, no para "quemar calorías". Su cuerpo, su aliado más preciado, es tratado con respeto y amor, no como "un proyecto a remodelar".
El verdadero mensaje: ámate a ti mismo primero
Hoy, Arpita se siente más fuerte y segura, no porque haya perdido peso, sino porque ha elegido amarse y escucharse. «La salud es mucho más que números en una báscula. Invertir en tu bienestar es invertir en tu felicidad y paz mental. La disciplina no se trata de restringir, sino de prestarte atención».
Su trayectoria pone de relieve una verdad crucial: perder peso no es una solución rápida para los problemas emocionales ni las inseguridades. A veces, el verdadero cambio empieza en la mente, con la ayuda de profesionales, el apoyo de seres queridos y la aceptación del propio cuerpo tal como es.
En definitiva, el camino hacia el bienestar no es una dieta estricta ni una transformación física. Está escrito con amor, paciencia y respeto por uno mismo. Y en este viaje, cada comida, cada movimiento, cada momento de descanso se convierte en un acto de cuidado y celebración para tu cuerpo.
