Aunque antes era una actividad reservada para los atletas, la optimización corporal se está convirtiendo en parte de la vida cotidiana de la persona promedio. Mejorar el rendimiento, aumentar la energía o mejorar la apariencia: la promesa resulta atractiva para algunos. Sin embargo, tras esta retórica, esta búsqueda de la mejora constante plantea numerosas preguntas.
Una tendencia que va más allá del deporte
La optimización corporal ya no se trata simplemente de una dieta equilibrada y ejercicio. Ahora abarca una gama de prácticas diseñadas para impulsar el cuerpo, ya de por sí notable por su diversidad y adaptabilidad, hacia un ideal de rendimiento constante. Suplementos dietéticos, protocolos nutricionales estrictos, monitoreo biológico minucioso, tecnologías de vanguardia… El cuerpo se convierte en un proyecto que debe ser gestionado, corregido y, a veces, incluso "reparado" antes de que exprese la necesidad.
Las redes sociales, motores de la superación personal
Esta dinámica se ve impulsada en gran medida por las redes sociales y una cultura generalizada de productividad. Se observa un flujo constante de rutinas meticulosamente planificadas, consejos para dormir mejor, pensar con mayor rapidez y trabajar más tiempo. El vocabulario suele ser marcial: optimización, hacking, eficiencia. El cuerpo, aunque vivo, sensible y único, a veces se reduce a una máquina que debe ser rentable.
Biohacking: ciencia, tecnología… y extremos
El biohacking ilustra a la perfección esta lógica. Inspirado tanto por la ciencia como por el espíritu emprendedor, promete una "mejor versión de uno mismo" mediante métodos a veces extremos. Algunas figuras de alto perfil invierten sumas colosales en un intento de revertir el envejecimiento o controlar todos los parámetros biológicos. Aunque estos enfoques siguen estando fuera del alcance de la mayoría, alimentan una poderosa (y tóxica) imaginación colectiva: si no nos optimizamos, ¿no nos estamos perdiendo algo?
Cuando la prevención raya en la medicalización
Esta tendencia se está orientando gradualmente hacia la medicalización de la vida cotidiana . Cada vez más personas consultan al médico no porque estén mal, sino porque podrían estar "mejor". Revisiones preventivas repetidas, tratamientos hormonales sin una patología identificada y cirugía estética anticipada: la línea entre el cuidado y la mejora se está difuminando. El cuerpo, aunque cambia naturalmente (y eso está bien), parece requerir corrección constante.
Los riesgos ocultos de la búsqueda de la perfección
Sin embargo, querer cuidarse nunca debería significar desconfiar del propio cuerpo. No es un problema que haya que resolver, sino un aliado valioso, capaz de evolución, resiliencia y belleza en todas sus formas. Todo cuerpo tiene valor, independientemente de su rendimiento, edad o apariencia.
Los riesgos de esta carrera por la optimización son muy reales. El uso no regulado de ciertas sustancias, protocolos experimentales o consejos encontrados en línea pueden tener graves consecuencias para la salud. A esto se suma la creciente presión psicológica: esforzarse por un rendimiento cada vez mayor puede generar ansiedad, culpa y una relación conflictiva con la propia imagen corporal.
¿Una tendencia reservada para una élite?
La optimización corporal también pone de relieve una realidad social preocupante. Estas prácticas son, en gran medida, accesibles para personas con tiempo, dinero y fácil acceso a servicios privados. Esto crea una brecha entre quienes pueden "mejorar" su salud y quienes ya tienen dificultades para acceder a la atención esencial. El "cuerpo optimizado" se convierte entonces en un indicador de estatus social.
En definitiva, cuidar tu cuerpo, escucharlo, respetarlo y apoyarlo es un enfoque profundamente positivo. Sin embargo, verlo como un proyecto sin fin puede llevar a negar su riqueza y singularidad. Quizás el verdadero progreso resida menos en el rendimiento que en la aceptación, el equilibrio y el placer de habitar plenamente tu cuerpo, tal como es hoy.
