Tras una intervención quirúrgica de rutina, Stephen Chase, un estadounidense de 30 años de Utah , asombró al personal médico: al despertar, hablaba español con fluidez. El problema: nunca había estudiado la lengua de Cervantes. Este raro fenómeno, documentado por la prensa estadounidense, reaviva el debate sobre los misterios del cerebro humano y la memoria lingüística inconsciente.
Un despertar marcado por lo inexplicable
Stephen tenía 19 años cuando se sometió a su primera cirugía tras una lesión de fútbol americano. Al despertar, habló español espontáneamente durante casi 20 minutos antes de volver a su inglés nativo. Desde entonces, cada anestesia general parece desencadenar el mismo escenario: un retorno temporal a este idioma que no domina conscientemente. Curiosamente, aunque nunca ha tomado clases formales de español, Stephen creció en un barrio hispanohablante. Cree que su cerebro podría haber "grabado" sonidos, palabras y estructuras oracionales sin que él se diera cuenta.
El cerebro, una biblioteca inesperada
Los neurólogos describen un trastorno poco común conocido como Síndrome del Lenguaje Extranjero. Este fenómeno a veces ocurre después de una lesión cerebral, una cirugía o un coma. El cerebro, despertado o "reprogramado" mediante anestesia, accede a áreas de memoria previamente latentes. Según la revista Babbel, ciertas lesiones o estimulaciones cerebrales pueden "activar" circuitos lingüísticos ocultos, permitiendo a una persona usar temporalmente un idioma aprendido de forma pasiva o olvidado hace tiempo.
De la curiosidad médica a la nueva habilidad
Desde ese episodio, Stephen ha querido encontrarle sentido a este regalo inesperado. Vivió dos años en Chile, perfeccionando su español hasta alcanzar un nivel casi nativo. «Es fascinante descubrir lo que el cerebro es capaz de retener sin que nos demos cuenta», afirma. Hoy en día, su caso está siendo estudiado por varios especialistas en memoria lingüística y neuroplasticidad, quienes lo ven como una vía prometedora para comprender cómo las lenguas se graban —y a veces se reactivan— en nuestros circuitos neuronales.
La historia de Stephen Chase sirve como recordatorio de que el cerebro humano sigue siendo un territorio en gran parte inexplorado. Entre recuerdos enterrados, aprendizaje pasivo y los mecanismos aún poco comprendidos de la conciencia, este fascinante caso difumina las fronteras entre lo innato y lo adquirido.
