En lugar de esforzarse por la perfección a toda costa y aspirar constantemente al máximo rendimiento, es mejor aprender a despreocuparse y a dejarse llevar. No tomarse las cosas demasiado a pecho: ese es el verdadero secreto de la felicidad. Este enfoque tan relajado rara vez se elogia en los libros de autoayuda ni en los consejos de bienestar de los medios de comunicación. Sin embargo, según la psicología, lo cambia todo en la vida cotidiana.
No preocuparse: un enfoque mal visto pero efectivo
El oso de la selva, Baloo, cantaba "Lo esencial" mientras Pumba cantaba "Hakuna Matata" como himno a la alegría. Los personajes de Disney, filósofos más accesibles que Descartes y Platón, promueven una mentalidad relajada, pero no poseen la verdad absoluta sobre la felicidad . Además, en estos cuentos modernos, nadie menciona la mentalidad de "me importa un bledo", también ausente en las páginas cargadas de dopamina y las recetas mediáticas.
Sin embargo, es sin duda el mejor consejo para sentirse mejor consigo mismo y dejar de ver la vida como una competencia. El autor Mark Manson le dedicó un libro entero, titulado " El sutil arte de que te importe un carajo ", un éxito de ventas del New York Times. En él, expone la esencia de esta filosofía, a menudo considerada indiferente y confundida con condescendencia. Este mantra, que se aparta de la empatía extrema y de todas las demás reglas de la autorrealización, es todo menos perjudicial.
En una sociedad donde siempre nos han enseñado a ser la mejor versión de nosotros mismos, es difícil no dejarse afectar por las reprimendas de un jefe, los comentarios velados de un compañero o las abrumadoras exigencias de la vida diaria. Es imposible fingir que no nos afecta. O, aunque mantenemos las apariencias, estamos furiosos por dentro. Sin embargo, este cambio mental lo cambia todo. No, la indiferencia no es un reflejo de los desalmados, ni es señal de falta de emociones. Es el hábito de quienes realmente se preocupan por sí mismos.
Aprender a que no te importe nada es bueno para tu salud mental
Despreocuparse significa dejar que el Dr. House interior domine esa vocecita interior que constantemente nos hace sentir víctimas. Es una buena manera de despejar la mente y liberarla de pensamientos intrusivos. Un estudio de la Universidad de California demostró que las personas que eligen deliberadamente dónde dirigir su atención son aproximadamente un 23 % más felices que quienes intentan controlarlo todo.
Que no nos importe nada no se trata de mandar a los demás a la mierda ni de adoptar un tono altivo y frío. No se trata de "tomar todo a la ligera", sino simplemente de filtrar lo que nos afecta. Se trata de saber decir "no" cuando otros asienten cuando ya están hartos. Se trata de mantener la calma ante reprimendas innecesarias que ni siquiera son constructivas. También se trata de felicitar a un amigo por un ascenso en lugar de cuestionar toda su vida. En definitiva, se trata de elegir no invertir energía emocional innecesaria. Y esa es la diferencia crucial entre que nos importe un bledo inteligentemente y ser completamente negligentes.
Los fundamentos para aprender a no importarle nada con tacto
La idea no es fingir que no nos importa cuando nos hiere el ego. No es una fachada; es una actitud, un estado mental. Y a veces, es un delicado equilibrio, sobre todo cuando nos hemos acostumbrado a justificarnos, defendernos o compararnos constantemente con los demás. Si fingimos indiferencia, podemos parecer rápidamente desagradables o desagradables.
De ahí la importancia de no seguir la lección ciegamente, sino aplicarla. Es una especie de desintoxicación mental, una limpieza interior. Es como si activáramos el modo de "reducción de ruido" en nuestra mente. Y el libro "El sutil arte de que te importe un carajo" ofrece una base excelente para comenzar con esta práctica tan sencilla. Hay una pregunta clave que debemos tener presente: "¿Es esto realmente importante para mí?"
A partir de ahí, dos opciones:
- Si es importante: tiene sentido darle energía, atención e invertir emocionalmente en ello.
- Si no es importante, no tiene sentido perder tiempo mental ni emocional en ello. Simplemente déjalo ir.
En el imaginario colectivo, la indiferencia se considera un signo de inmadurez emocional, el comportamiento típico de un niño malcriado. Sin embargo, la indiferencia tiene su arte. A veces es un acto de respeto propio, de autoprotección. No se trata de menospreciar el mundo, sino simplemente de ver las cosas desde otra perspectiva.
