Consideradas durante mucho tiempo como "ventanas al mundo" y símbolos de libertad, las redes sociales están perdiendo su atractivo para un segmento de la juventud india. Cada vez más, los jóvenes adultos de la Generación Z optan por distanciarse de ellas, no para aislarse del mundo, sino para recuperar el control sobre él.
Una generación conectada… pero rezagada
Para muchos jóvenes indios, los días en que compartir cada momento de sus vidas era una fuente de placer han quedado atrás. Una periodista del Indian Express relata cómo borró sus cuentas durante tres años: «Me sentí libre, en paz, en control de mi vida». Al volver a conectarse por curiosidad, pronto se dio cuenta de que ya no sentía la necesidad de exponerse.
Muchos comparten este sentimiento: vivir sin exhibirse se percibe ahora como un acto de bienestar, incluso de resistencia. Según Vivek Rawat, de 26 años, relaciones públicas, desconectarse de las pantallas ha tenido efectos claramente positivos: «Reducir mi exposición digital innecesaria y la presión social me ha ayudado a centrarme en mí mismo».
El efecto perverso de la puesta en escena constante
Las redes sociales permitieron en su momento a los jóvenes indios expresar sus opiniones, emociones y sueños. Muchos creen que esta libertad se ha convertido en una limitación. Constantemente juzgados por una audiencia virtual y anónima, muchos experimentan agotamiento emocional. La hiperconectividad y la búsqueda constante de aprobación han provocado una sensación de agotamiento psicológico que incluso los profesionales de la salud mental observan.
Recupera el control sobre tu imagen
La Generación Z creció en un mundo donde su valor a menudo se mide por las opiniones de los demás. Esta exposición constante, ya sea de padres, amigos o seguidores, ha moldeado una forma de vivir bajo presión, en una sociedad que exige rendimiento y perfección. Hoy, la situación está cambiando. Estos jóvenes desean redescubrir una autenticidad íntima, libre de filtros y validación digital. Ser ellos mismos, incluso fuera de cámara, se está convirtiendo en un acto de equilibrio y bienestar mental.
Al retirarse de las redes sociales, los jóvenes indios no abandonan internet por completo; recuperan su presencia en línea. En lugar de exponer su vida cotidiana, priorizan los intercambios privados, el aprendizaje y usos más discretos y selectivos. Esta "crisis digital" podría marcar el fin de una era —la de la sobreexposición— y el comienzo de otra, basada en la libertad de elegir lo invisible.
