Es costumbre celebrar un cumpleaños con una tarta, adornada con guirnaldas y cotillón. Sin embargo, cada vez más mujeres cambian el tradicional sombrero de cartón por botas de montaña y optan por llevar aperitivos en botellas de agua reutilizables. Se salen de lo convencional en todos los sentidos y celebran este día tan especial en senderos menos transitados. Es una forma de reinventar la celebración y convertirla en un momento de introspección, lejos de las redes sociales y las multitudes de las discotecas.
Una excursión de cumpleaños en la cima de la felicidad
Durante nuestra infancia, nuestros cumpleaños eran simplemente una pequeña reunión en el jardín. Tomábamos limonada casera entre partidas de sillas musicales. Al llegar a la adolescencia, se convirtió en algo más serio. Nuestros cumpleaños eran una oportunidad para demostrar nuestro valor a nuestros amigos y aumentar nuestra popularidad. A veces se trataba de una fiesta de pijamas con chismes, malvaviscos y juegos de "verdad o reto"; otras veces parecía una discoteca por todo lo alto en el salón del pueblo.
Antes, ansiamos cumplir 18 para poder brindar con algo más que jugo de manzana espumoso y bailar bajo las bolas de discoteca. Ahora, a medida que envejecemos, deseamos un cumpleaños más tranquilo, lejos de las cámaras de los teléfonos y las historias preparadas. Queremos pasar este día simbólico disfrutando de un brunch, jugando a las cartas o haciendo cerámica en paz y tranquilidad. La creadora de contenido @jasminmace propone otra opción: sumergirse en la naturaleza. Deja a un lado los cubiertos y las copas y toma sus bastones. ¿Su plan para este cumpleaños? Usar sus pies, no para lanzarse a la pista de baile y prenderle fuego, sino para recorrer kilómetros de desnivel.
Lo que algunos podrían considerar una tarea tediosa o un ritual de iniciación desagradable, para otros es un momento de pausa, una forma de reconectar con lo que realmente importa y dejar una huella imborrable. La idea no es batir récords ni emprender este vertiginoso viaje para llenar un feed de Instagram, sino crear nuevos recuerdos, aceptar lo inesperado y dejarse llevar.
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Celebrar de forma diferente, sin exagerar.
Con sus coloridos sombreros puntiagudos como punto de referencia, el grupo de chicas emprende un paseo tranquilo. Pero, sobre todo, comparten una experiencia relajante, donde el canto de los pájaros se mezcla con el sonido de los cencerros. Es una sesión de terapia combinada con risas y contemplación. Nadie intenta romper el silencio ni la calma del ambiente. Cada una lo recibe con serenidad, y hay algo casi solemne en ello. El más mínimo detalle se convierte en un espectáculo: una mariposa posándose en una flor, un ave rapaz planeando bajo la luz del sol, una cabra galopando por los prados.
Obviamente, la idea no es permanecer en silencio hasta la cena, salvo quizás para conservar el aliento. Además, todos los pequeños incidentes que salpican la caminata se convertirán más tarde en anécdotas memorables, la historia detrás de un "¿te acuerdas?". Y esto rompe claramente con lo que la sociedad espera de un cumpleaños como es debido. En el imaginario colectivo, un cumpleaños inevitablemente implica retos de bebida, atuendos elegantes y una noche de fiesta en un club. Esta fiesta, supuestamente una réplica de la película Proyecto X, se convierte entonces en un espectáculo grandioso. Sin embargo, la palabra "disfrutar" tiene varias definiciones, y a cierta edad, ya no tiene el mismo significado que a los 18.
Porque divertirse no significa necesariamente beber hasta el amanecer y cantar hasta quedarse sin voz. Porque una fiesta no tiene por qué ser espectacular para ser inolvidable. A veces, comer un sándwich casero con vistas a picos escarpados y brindar con botellas de agua junto a los amigos es la mejor manera de celebrar.
El lujo de no planificar nada
Uno de los encantos de esta opción reside en la ausencia de presión. No hace falta reservar mesa con seis semanas de antelación, encontrar un atuendo digno de una historia ni comprobar que todos estén disponibles a la misma hora. Simplemente elige una ruta adecuada al nivel del grupo, prepara algunos aperitivos y ¡a disfrutar!
Esta sencillez puede incluso convertirse en un lujo. Durante unas horas, las notificaciones se quedan en el fondo del bolso y el teléfono se usa más para capturar un paisaje que para documentar cada minuto del día. Caminamos, charlamos, bromeamos, a veces guardamos silencio. Y nadie mira el reloj para saber cuándo pasar a la siguiente actividad.
Desde luego, ir de excursión no sustituye a todas las formas de celebrar un cumpleaños . Algunos prefieren bailar toda la noche, otros disfrutar de una cena en su restaurante favorito o reunir a toda la familia alrededor de una gran mesa. Quizás la clave esté precisamente en dejar de considerar una sola forma de celebrar como la norma.
Al fin y al cabo, no hace falta lanzar confeti para celebrar la ocasión. A veces, un sendero, una mochila y unos cuantos amigos son más que suficientes para que este nuevo año sea un hito inolvidable.
