Tras varias horas en el aire, lo único que quieres es darte una ducha caliente y dejar que el cansancio desaparezca. Sin embargo, este tentador reflejo podría no ser lo mejor para tu piel. Una azafata y varios expertos sugieren reconsiderar este hábito, sobre todo después de un vuelo de larga distancia.
"Piel de avión", un auténtico fenómeno
Al bajar del avión, se siente tirantez, con la piel ligeramente arrugada, como si la cara pidiera a gritos un gran vaso de agua. Esta sensación incluso tiene un nombre: "piel de avión". En la cabina, el nivel de humedad suele oscilar entre el 10 % y el 20 %, mientras que en tierra ronda el 40 % y el 60 %. Esta diferencia se explica por las limitaciones técnicas relacionadas con la presurización y por el aire exterior aspirado en altitud, que es naturalmente muy seco, como señala la Asociación Internacional de Transporte Aéreo .
El resultado: la piel pierde más agua. Los dermatólogos lo llaman pérdida de agua transepidérmica. En la práctica, esto puede manifestarse como tirantez, enrojecimiento difuso, una tez más apagada y, a veces, algunas pequeñas imperfecciones. Incluso la piel mixta o grasa puede reaccionar produciendo más sebo para compensar. Tu piel está haciendo todo lo posible por protegerse.
Por qué una ducha muy caliente no es tu mejor aliada
Seamos sinceros: después de un vuelo, una ducha caliente es como un abrazo enorme. Sin embargo, cuando la piel ya está deshidratada, el calor intenso puede empeorar la situación. El agua muy caliente daña la película hidrolipídica, esa fina barrera natural de agua y lípidos que protege la epidermis. Al debilitarla, aumenta la evaporación del agua de la piel y la vuelve más sensible.
La Academia Americana de Dermatología recomienda evitar las duchas prolongadas con agua muy caliente, especialmente para personas con piel seca o sensible. Sugieren usar agua tibia para preservar la barrera cutánea. Este consejo es especialmente relevante después de un vuelo: la piel ya ha estado expuesta a varias horas de aire seco. No hay necesidad de aumentar el estrés.
Las señales de que tu piel también ha viajado
Después de un largo viaje, es posible que observes:
- Una sensación de tirantez en la piel
- Ligero enrojecimiento
- Una acentuación de las líneas de deshidratación.
- Un exceso de sebo reactivo
- Pequeños granos asociados a una barrera cutánea debilitada
Estas reacciones no significan que tu piel esté "irritada". Al contrario, demuestran que está viva, dinámica y capaz de adaptarse. Simplemente está intentando recuperar su equilibrio.
Los reflejos correctos a adoptar al aterrizar
Buenas noticias: no se trata de prohibir la ducha, sino de adaptarla.
- Opte por agua tibia en lugar de hirviendo. Limite el tiempo, use un limpiador suave sin agentes agresivos y aplique inmediatamente una crema hidratante o un tratamiento reparador sobre la piel aún ligeramente húmeda. Este sencillo paso ayuda a retener la humedad y a fortalecer la barrera cutánea.
- Recuerda beber abundante líquido antes, durante y después del vuelo. La hidratación interna también contribuye al equilibrio de la piel.
Los dermatólogos también desaconsejan los exfoliantes el día de un vuelo de larga distancia. La piel no necesita ser despojada, sino mimada.
En resumen, la "piel de avión" no es un mito de marketing: el aire seco de las duchas realmente debilita la piel. En este contexto, una ducha muy caliente, por muy reconfortante que sea, puede agravar la deshidratación existente. Al optar por una temperatura más suave y centrarse en productos hidratantes, le proporciona a su piel un aterrizaje más suave.
