Los caballos no son solo compañeros maravillosos: parecen capaces de "leer" nuestras emociones. Un reciente estudio francés revela que estos animales poseen una asombrosa sensibilidad a las señales emocionales humanas, capaces de detectar nuestro miedo o alegría mediante pistas olfativas, lo que confirma un auténtico contagio emocional entre especies.
Una experiencia olfativa única
Para comprender esta extraordinaria capacidad, investigadores del INRAE , dirigidos por Léa Lansade, idearon un experimento original. Recopilaron los olores corporales de 30 voluntarios tras ver películas que les provocaban miedo (terror) o alegría (comedias), mediante hisopos colocados bajo las axilas. Estas muestras se presentaron a 43 yeguas galesas en tres situaciones: interacción humana, apertura repentina de un paraguas y exploración de un objeto desconocido.
Los resultados fueron sorprendentes. Los caballos expuestos a olores aterradores estaban más alerta, se asustaban más y mantenían una mayor distancia. En cambio, los olores alegres provocaban un comportamiento más relajado y curioso.
Miedo y alegría: reacciones mensurables
Las yeguas olfatearon los nuevos olores durante más tiempo, demostrando su capacidad para distinguirlos con precisión. Curiosamente, utilizaron preferentemente la fosa nasal izquierda para las señales positivas, lo que corresponde a un procesamiento cerebral específico asociado con las emociones placenteras.
Fisiológicamente, su frecuencia cardíaca aumentó en respuesta a olores que inducían miedo, sin un aumento de cortisol, lo que indica un estado de alerta adaptativo en lugar de estrés crónico. Como explica Léa Lansade, «el olor del miedo pone a los caballos en alerta máxima, creando un contagio emocional». En otras palabras, nuestras emociones son, literalmente, transeúntes.
Una intuición que va mucho más allá de la vista y el oído
Esta sensibilidad supera la capacidad ya conocida de los caballos para interpretar nuestras expresiones faciales y entonaciones vocales. Su intuición olfativa pone de manifiesto una empatía natural y poderosa, que puede aprovecharse en la terapia asistida con animales o la equinoterapia. Los caballos no se limitan a reaccionar; interpretan sutilmente nuestras señales y adaptan su comportamiento en consecuencia, contribuyendo a un vínculo emocional sólido y beneficioso para ambas partes.
Hacia otras emociones y aplicaciones concretas
Aunque este estudio se centra en el miedo y la alegría, los investigadores planean explorar otras emociones, como la tristeza o la ira, así como la reciprocidad emocional: ¿pueden los caballos influir en nuestras emociones tanto como nosotros influimos en las suyas?
Aún quedan preguntas sobre la naturaleza exacta de esta percepción: ¿se trata de un instinto heredado de la evolución o de una habilidad social adquirida mediante (desafortunadamente) la domesticación? Investigaciones futuras, que incluyan otras razas y caballos machos, nos permitirán generalizar los resultados y comprender mejor cómo utilizar estas habilidades para promover el bienestar compartido.
En definitiva, este estudio demuestra que nuestras emociones no se limitan a nosotros mismos: los caballos pueden detectarlas, sentirlas e incluso amplificarlas. Así, los caballos se convierten en verdaderos compañeros emocionales, capaces de fortalecer nuestro bienestar y enriquecer nuestras interacciones.
