Probablemente hayas oído este rumor: supuestamente nos tragamos hasta ocho arañas al año mientras dormimos, con la boca abierta e inconscientes. Es una idea escalofriante, pero ten por seguro que este mito es completamente falso. La ciencia ofrece una versión mucho más tranquilizadora de la realidad.
Un rumor nacido para poner a prueba nuestra credulidad
Este mito se remonta a la década de 1990 y debe mucho a la creatividad de la periodista Lisa Birgit Holst. En 1993, publicó un artículo en la revista PC Professional enumerando "hechos absurdos" para demostrar la facilidad con la que los usuarios de internet comparten información improbable sin verificarla. Entre ellos se encontraba la idea de que nos tragamos arañas mientras dormimos. Sin estadísticas reales ni estudios científicos: solo un ejemplo deliberadamente absurdo.
Y, sin embargo, el mensaje se propagó como la pólvora. Correos electrónicos en cadena, foros, luego redes sociales… la pequeña anécdota se convirtió en una "verdad" en el imaginario colectivo. Desde la perspectiva científica, nunca se ha encontrado evidencia que respalde esta hipótesis. Al contrario, todas las observaciones la refutan.
Las arañas huyen de los humanos… incluso de noche
Desde un punto de vista biológico, la idea es casi imposible. Las arañas son criaturas muy sensibles a su entorno. El más mínimo movimiento, calor o aliento humano las alerta inmediatamente de un posible peligro. Sus cuerpos están cubiertos de pelos sensoriales capaces de detectar vibraciones y sonidos, lo que las convierte en excelentes detectoras de intrusos. Por lo tanto, una boca abierta mientras duerme no representa una oportunidad, sino una señal para huir.
Además, su comportamiento natural contradice este mito. Principalmente activas de noche, cazan insectos diminutos como moscas y mosquitos. Acercarse a un rostro humano dormido sería inútil: no hay razón para arriesgar la vida solo para caer en la boca de alguien que duerme. Y si, por algún improbable suceso, una araña te tocara la cara, tu reflejo sería inmediato: incluso en el sueño profundo, un contacto inusual suele provocar un despertar instantáneo.
Los expertos son categóricos.
Rod Crawford, curador del Museo Burke de Historia Natural de Seattle y experto en arañas, lo resume a la perfección: «Las arañas no se acercan intencionadamente a una persona dormida». Scientific American y numerosos medios científicos confirman el consenso: la idea es puramente ficticia y biológicamente irreal.
¿Por qué persiste este mito?
El éxito de este rumor se debe a un mecanismo simple: explota nuestros miedos instintivos. ¿Quién no se ha estremecido al pensar en un animalito arrastrándose sobre él mientras duerme? Nuestro cerebro retiene mejor la información impactante o repugnante, un reflejo heredado de la evolución para protegernos del peligro.
Además, en la era digital, el contenido intrigante o aterrador circula mucho más rápido que los hechos científicos. El mito de las arañas tragadas tiene todos los ingredientes para hacerse viral: sueño, un animal temido y una supuesta "verdad oculta". Tras esta anécdota se esconde una valiosa lección: verificar las fuentes y ser crítico con la información sensacionalista.
En resumen, duerma profundamente, porque ningún estudio científico respalda esta idea. Las arañas huyen de los humanos por naturaleza y no tienen por qué meterse en tu boca durante la noche. Así que, la próxima vez que alguien mencione estas famosas ocho arañas anuales, puedes responder con seguridad: es una leyenda urbana.
