En algunas culturas, dar el pecho a un niño de cuatro años puede resultar sorprendente, incluso chocante. Sin embargo, para algunas madres, esta decisión forma parte de una visión natural y segura de la maternidad. Este es el caso de Shinnai Visser (@mindful_mamma_za), quien aboga por la lactancia materna prolongada, a pesar de las críticas.
Una elección que genera controversia.
Shinnai Visser, una madre sudafricana de dos hijos, no se guarda nada de su día a día. En Instagram, comparte su experiencia con la lactancia materna "a demanda", un método en el que el ritmo se adapta a las necesidades del bebé. Esta opción, lejos de ser universalmente aceptada, ha generado numerosas reacciones. Algunos internautas consideran este tipo de lactancia "inapropiada", sugiriendo una dependencia excesiva o un apego considerado "demasiado intenso".
En respuesta a estas críticas, simplemente afirma : el problema no es biológico, sino cultural. En muchas partes del mundo y a lo largo de la historia, la lactancia materna más allá de los dos años no es nada inusual. Son principalmente las normas occidentales actuales las que han acortado esta práctica.
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Un ritmo que evoluciona con el niño.
Contrariamente a la creencia popular, amamantar a una niña de cuatro años no se parece en nada a amamantar a un bebé. Para su hija mayor, estos momentos se han vuelto escasos, breves y tranquilos. Puede ser una toma ocasional, a veces una vez al día, a veces ninguna durante varios días. La niña elige según sus necesidades del momento.
Sin embargo, para su hija de 20 meses, la lactancia materna sigue siendo más frecuente. Resulta especialmente útil para aliviar el dolor de la dentición, durante los periodos de crecimiento acelerado o para brindarle consuelo. Shinnai Visser (@mindful_mamma_za) subraya un punto importante: con la edad, la lactancia materna nutre más las emociones que el cuerpo. Se convierte en una herramienta de regulación, una forma de calmar un sistema nervioso aún en desarrollo.
Un enfoque centrado en los enlaces
Para esta madre, estas largas sesiones de lactancia son, ante todo, momentos de conexión. Las compara con rituales reconfortantes que los adultos también buscan en su vida diaria. Según ella, su hija mayor encuentra en ellas una sensación de seguridad y estabilidad. Además, observa en ella una mayor capacidad para gestionar sus emociones y una creciente confianza. Defiende una idea que suelen plantear algunos especialistas: la independencia de un niño no surge de una separación impuesta, sino de un apego seguro.
Una decisión personal que concierne únicamente a cada individuo.
En el centro de este debate reside una pregunta crucial: ¿quién decide qué es "normal" o no en la maternidad? La lactancia materna, ya sea breve o prolongada, es una decisión profundamente personal. Afecta al cuerpo de la madre, a sus sentimientos, pero también al bienestar del niño. Este tipo de decisión no puede reducirse a juicios externos ni a un único conjunto de normas.
Criticar a una madre por cómo elige alimentar o consolar a su hijo ignora la diversidad de experiencias, culturas y necesidades. Algunas mujeres se sienten cómodas con la lactancia materna prolongada, otras no. Algunas la interrumpen pronto, otras continúan. En todos los casos, estas decisiones merecen respeto.
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Una sala de maternidad que se escucha a sí misma por encima de todo.
Por su parte, Shinnai Visser (@mindful_mamma_za) se niega a fijar una fecha específica para el destete. Prefiere dejar que las cosas se desarrollen de forma natural, según su hija y sus propias sensaciones. Ante las críticas, anima principalmente a las personas a reconectar consigo mismas: a informarse, a escuchar a su cuerpo y a confiar en su intuición.
En definitiva, su enfoque, a veces percibido como "atípico", nos recuerda algo esencial: no existe una única manera correcta de ser madre. Cada mujer, cada cuerpo, cada niño construye su propio equilibrio. Y en el espacio íntimo de la maternidad, el respeto, la bondad y la libertad de elección siempre deben prevalecer.
