¿Y si nuestra propensión a emitir olor corporal se debiera en parte a nuestra composición genética? Durante varios años, la investigación se ha centrado en un gen específico, llamado ABCC11, que influye en cómo se percibe la transpiración axilar. Según los estudios disponibles, algunas personas portan una variante de este gen que las hace significativamente menos propensas al mal olor corporal.
Un gen llamado ABCC11
Según Medical News Today , el gen ABCC11 codifica una proteína transportadora, una especie de "bomba" responsable de mover ciertas moléculas a través de las membranas celulares. Una variación puntual en el ADN, una mutación llamada 538G>A, puede inactivar esta bomba. Las personas que heredan esta versión inactiva en ambas copias del gen (el llamado genotipo "AA") producen muy pocos compuestos causantes del mal olor. Por el contrario, la versión activa y dominante, presente en una sola copia, es suficiente para generar transpiración con olor característico.
¿Por qué el sudor acaba oliendo mal?
Contrariamente a la creencia popular, la transpiración en sí misma es prácticamente inodora. El olor surge cuando las bacterias presentes de forma natural en la piel descomponen ciertos compuestos del sudor producido por las glándulas apocrinas, especialmente las ubicadas en las axilas. El gen ABCC11 desempeña un papel fundamental en este proceso: participa en el transporte de moléculas precursoras a la piel, que las bacterias transforman en compuestos causantes del olor, principalmente tioles. Cuando esta proteína está inactiva, estos precursores dejan de transportarse: las bacterias responsables disponen de menos materia prima y el olor se reduce significativamente.
Una variante que se distribuye de forma muy desigual.
Como se explica en un estudio publicado en el Journal of Investigative Dermatology , la frecuencia de esta variante varía considerablemente entre diferentes poblaciones. Diversos estudios estiman que afecta entre el 80 y el 95 % de las personas de ascendencia asiática oriental, mientras que sigue siendo poco frecuente, con una incidencia de entre el 0 y el 3 %, en poblaciones de origen europeo o africano. Entre los grupos de Asia oriental, los coreanos parecen presentar la mayor prevalencia. Esta distribución contrastante intriga a los investigadores, quienes plantean la hipótesis de la selección natural durante la evolución humana, aunque aún no existe un consenso universal sobre la explicación.
Una pista en el cerumen
Sorprendentemente, este mismo gen también determina el tipo de cerumen o cera del oído. La variante inactiva ("AA") se asocia generalmente con un cerumen seco y transparente, mientras que la variante activa se relaciona con un cerumen húmedo. Por lo tanto, observar la naturaleza de su cerumen puede proporcionar una indicación, aunque aproximada, de qué variante porta. Para obtener una respuesta fiable, solo las pruebas genéticas pueden identificar el genotipo exacto.
La genética no lo explica todo: la dieta, la higiene, el estrés e incluso la flora bacteriana de la piel también influyen en el olor corporal. Pero el gen ABCC11 demuestra cómo un cambio mínimo en el ADN puede tener efectos tangibles en el día a día. Para las personas portadoras de la versión inactiva, el uso de desodorante se vuelve, en teoría, casi innecesario. Esta peculiaridad nos recuerda que, tras nuestras diferencias más comunes, a veces se ocultan complejas historias evolutivas.
