Años después de su muerte, Lady Diana sigue inspirando con su elegancia atemporal y su belleza sencilla. Richard Dalton, su antiguo peluquero , revela ahora las rutinas diarias de la princesa y lo que la hacía lucir tan natural y accesible.
Belleza natural cotidiana
Richard Dalton trabajó con Diana durante más de una década. Según él, la princesa no recurrió a un maquillador profesional en la mayoría de sus apariciones. Prefería aplicarse sus propios productos, incluso cuando él la peinaba. Solo unas pocas ocasiones especiales, como retratos oficiales o sesiones de fotos familiares, requirieron los servicios de una maquilladora profesional, en particular los de Mary Greenwell. Esta independencia demuestra cuánto valoraba Diana una belleza sencilla y personal que reflejara su propio estilo.
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Piel "perfecta", no una mascarilla
Lo que más impresionó a Richard Dalton fue la naturalidad de su piel. Según él, Lady Diana tenía una tez luminosa con un tono suave, a menudo descrito como una "rosa inglesa". Casi nunca necesitaba base ni productos pesados. Esta sencillez contrastaba marcadamente con la imagen que se tenía de las figuras públicas de su época, que a menudo recurrían a un maquillaje elaborado para cada aparición. Para Diana, la belleza residía en la luminosidad natural de su piel, no en la aplicación de múltiples productos.
Su maquillaje: una firma discreta
A pesar de este enfoque natural, Diana tenía sus pequeños hábitos, explica Richard Dalton. Se delineaba delicadamente los ojos con un lápiz claro y prefería tonos suaves para los labios en lugar de colores demasiado brillantes. Richard Dalton recuerda con cariño las veces que tenía que observarla mientras se aplicaba el delineador, temiendo que un movimiento repentino pudiera desbaratar su peinado. Esta rutina sencilla pero deliberada muestra cómo la princesa cultivaba su estilo de forma personal y controlada, sin excesivos artificios.
Entre la sencillez y la elegancia
El relato de Richard Dalton revela sobre todo una filosofía de belleza basada en la autenticidad. Incluso rodeada de un equipo de estilistas y asesores, Diana nunca buscó ocultar su personalidad tras capas de maquillaje o artificio. Su porte elegante y accesible contribuyó a su imagen de "mujer auténtica", segura e inspiradora. Fue esta sencillez, combinada con gestos precisos y consistentes, lo que moldeó su estilo único.
Una inspiración atemporal
Hoy, estas revelaciones resuenan con los debates actuales sobre la belleza natural, el autocuidado y la autoaceptación. Nos recuerdan que la elegancia no reside en la cantidad de productos utilizados ni en la complejidad de las rutinas, sino en el autocuidado y la autenticidad.
En definitiva, los detalles de la rutina de belleza de Lady Diana siguen fascinando, no por lo que vestía, sino por lo que no necesitaba usar. Es una lección que aún inspira a quienes desean realzar su belleza natural, mantenerse fieles a su estilo e irradiar sencillez.
