Aunque muchos creen que la edad es una carga o incluso un lento declive físico, esta singapurense de 62 años demuestra lo contrario y desafía las ideas preconcebidas. Corre por rampas y salta obstáculos con la agilidad de un niño pequeño. Lejos de tener articulaciones oxidadas y un cuerpo desgastado por los años, realiza movimientos de parkour como una auténtica experta. Envejecer es bueno.
Saltos mortales y de altura a los 62 años
Mientras que los veinteañeros ya se quejan de dolor de espalda y neuralgia en los dedos, este sexagenario de pelo canoso rebosa energía y se mueve como un ninja. En el imaginario colectivo, los 60 son la edad de los crucigramas, los paseos por el mercado, las sesiones de meditación y las largas siestas en la mecedora.
Mucha gente cree que los sesenta son "el principio del fin", una época frenética donde el más mínimo tropiezo puede causar una fractura y donde la televisión se convierte en una afición por derecho propio. Sin embargo, en realidad, las personas de sesenta años a veces son más activas y dinámicas que las generaciones más jóvenes.
Sing es un ejemplo perfecto de vitalidad. No lleva bastón, pero parece que su energía recae en ella. Esta singapurense de 62 años, antigua maestra del lindy hop, un estilo de baile altamente acrobático, demuestra que las personas mayores no solo son buenas tejiendo o jugando al Scrabble. Se arrastra bajo redes, realiza una serie de volteretas sobre el asfalto, escala muros bajos y trepa por el mobiliario urbano sin mostrar jamás un solo signo de fatiga.
Lejos de ser una carga que le cuesta llevar, su cuerpo la acompaña en este exigente deporte callejero. Este circuito de parkour es casi pan comido para esta persona mayor, un auténtico espíritu libre. Aunque sus canas delatan su edad, su cuerpo ha conservado la agilidad de sus reflejos infantiles.
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Circuitos especialmente adaptados para personas mayores
Generalmente, las personas mayores dedican su tiempo libre a relajarse en spas o a practicar la postura del loto sobre colchonetas de espuma. Cuando no están haciendo aeróbic acuático con flotadores, están haciendo jardinería mientras silban o reorganizando el mundo con un ovillo de lana en las manos. Al menos, eso es lo que nos quieren hacer creer los anuncios, como si hubiera una edad límite para las emociones fuertes y las actividades atrevidas.
En Singapur, la organización "movimiento" ofrece un tipo de entretenimiento diferente, menos convencional y más divertido. Introduce a las personas mayores al parkour con clases personalizadas y programas adaptados. Es un poco como los parques infantiles que recorrimos de niños, pero en una versión más "adulta". Aquí, no son cabezas rubias, sino cabezas blancas, las que se contorsionan entre obstáculos y saltan con seguridad sobre estructuras metálicas. Aquí es donde Sing, la abuela más ruda de internet, entrena y rivaliza con los movimientos de Lara Croft. Mejor que un gimnasio, es su fuente de juventud, su espacio para la vitalidad.
La edad es principalmente un estado mental.
Sing supera barreras físicas, pero también mentales. Esquivando los llamativos bolardos de estos parques para personas mayores y trepando farolas y andamios, pisotea las ideas preconcebidas sobre la edad. Se dedica a un deporte de nicho, rara vez promocionado para el público mayor. Y con solo observarla, sientes sus dolores y sudores allí mismo. Casi te sientes como una babosa a su lado.
Sing imparte una valiosa lección de vida a través de sus actuaciones: la edad es solo un número y no determina nuestro valor, y mucho menos nuestra salud. Además, el parkour, más allá de su habilidad técnica y su atractivo, es un deporte completo. Desarrolla la resistencia, tonifica los músculos y mantiene el equilibrio, todo ello mientras se divierte. Mejor aún, preserva ese espíritu infantil, que no se puede recuperar con cremas antiedad.
Mientras Sing está ocupada con el parkour, otras abuelas practican paracaidismo, viajan por el mundo y sacan sus licencias de moto. Aún estamos a tiempo de tachar esas cosas que dejamos en nuestras listas de deseos de adolescentes. En resumen, de eso se trata vivir la vida al máximo.
