Algunas personas se muerden las uñas, sacuden la pierna con tanta fuerza que el sofá vibra o se frotan el pelo cada vez que tienen un momento para pensar. Otras huelen su dedo como un niño inhala el aroma de su mantita de apego, que lleva años sin lavar. Con el dedo índice bajo la nariz o la mano en la boca, se tranquilizan con su propio olor corporal.
¿Por qué sentimos la tentación de oler nuestros propios olores?
Todos recuerdan aquella imagen del seleccionador alemán durante la Eurocopa 2016. En ese vídeo, que se ha convertido en un meme viral, se le ve oliéndose los dedos con el mismo fervor que si se estuviera comiendo un helado. Esto se debe a que nuestro sentido del olfato tiene una conexión muy particular con el cerebro. A diferencia de otros sentidos, los olores viajan a través de un circuito neuronal estrechamente vinculado a la memoria y las emociones. En cuanto una molécula de olor llega a la nariz, desencadena una cascada de señales que viajan a las regiones cerebrales implicadas en la memoria, los instintos y las respuestas emocionales.
Por eso, un simple aroma puede transportarte instantáneamente a la casa de tu infancia, a una fragancia veraniega o a un momento de bienestar . Nuestro propio olor corporal no es una excepción. De hecho, cada persona posee una especie de "huella olfativa" personal. Entre la microbiota cutánea —los miles de millones de bacterias presentes de forma natural en la piel—, la genética, la dieta e incluso el sistema inmunitario, no hay dos cuerpos que huelan exactamente igual.
Un gesto más extendido de lo que uno podría pensar
Lo que parece una peculiaridad aislada podría ser, en realidad, un comportamiento humano bastante común. Un estudio realizado por investigadores israelíes observó un fenómeno sorprendente: muchas personas se llevan las manos a la nariz espontáneamente a lo largo del día, a veces sin siquiera darse cuenta. Este hábito, a menudo comparado con una forma problemática de trastorno obsesivo-compulsivo, ha sido documentado por investigadores del Instituto Weizmann en Israel.
Aún más sorprendente, este reflejo parecía intensificarse tras una interacción social tan común como un apretón de manos. Los científicos lo interpretan como una forma sutil de "recopilación de información" olfativa. Si bien no constituye una comunicación animal a gran escala, nuestro olfato continúa, silenciosamente, analizando nuestro entorno social. En definitiva, se trata de un reflejo casi primitivo. En comparación, los perros utilizan la misma estrategia al olfatear otras cosas (no hace falta explicarlo, todo el mundo entiende la referencia).
¿Un mecanismo tranquilizador para el cerebro?
Más allá de la curiosidad sensorial, algunos especialistas sugieren otra explicación: oler el propio aroma podría tener un efecto calmante. Al igual que una prenda familiar, una almohada personal o la querida manta de seguridad impregnada de recuerdos olfativos, nuestro aroma representaría un punto de referencia íntimo.
Para algunas personas ansiosas o estresadas, olerse los dedos podría contribuir inconscientemente a una necesidad de tranquilidad, una forma silenciosa de encontrar familiaridad en un entorno inestable. En otras palabras, este gesto no refleja necesariamente una fascinación por el olor corporal, sino más bien una búsqueda de seguridad sensorial.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
En la gran mayoría de los casos, este comportamiento no es motivo de preocupación. El olfateo ocasional, casi automático, suele ser una cuestión de hábito o subconsciente. Sin embargo, si el gesto se vuelve intrusivo, repetitivo, difícil de controlar o va acompañado de ansiedad persistente, a veces puede formar parte de un patrón obsesivo más amplio. Solo en este contexto puede ser útil el consejo de un profesional de la salud mental.
En definitiva, olerse los dedos puede no ser el comportamiento extraño que imaginamos. Es, principalmente, un sutil recordatorio de que nuestro sentido del olfato, incluso en la era de las pantallas y los filtros de belleza, sigue rigiendo una parte sorprendentemente primitiva de nuestra relación con nosotros mismos.
