Después de los 30, solemos oír que "el cuerpo cambia" y que es absolutamente necesario compensarlo. No te preocupes, tu cuerpo ya es válido, fuerte y digno de respeto tal como es. Si decides moverte, hacer deporte, que sea siempre por deseo, nunca por obligación.
El cuerpo evoluciona, pero no “empeora”.
Sí, la ciencia demuestra que, a partir de los 30 años aproximadamente, la masa muscular disminuye lentamente y la densidad ósea cambia, especialmente en las mujeres. Sin embargo, estos cambios no significan que tu cuerpo esté deteriorándose, fallando o necesitando reparación. Simplemente está en movimiento, como siempre lo ha estado, y eso es parte normal de la vida.
Tu valor, tu belleza y tu legitimidad en tu cuerpo no dependen de tu edad, tu tono muscular ni tu capacidad para levantar pesas. El ejercicio no es un castigo ni una deuda que pagarle a tu cuerpo. Es, en el mejor de los casos, una posible herramienta para el bienestar, no una obligación.
Fortalecimiento muscular: una opción, no un requisito
El entrenamiento de fuerza, también conocido como entrenamiento de resistencia, implica el uso de pesas (peso corporal, mancuernas, bandas de resistencia o máquinas) para estimular músculos y huesos. Suele promocionarse después de los 30 años por sus beneficios para la salud ósea, la energía y la postura. Sin embargo, es fundamental recordar que no es necesario hacer ejercicio para estar "sano", "envejecer bien" o "cuidarse". Ya te estás cuidando simplemente por existir, por vivir tu vida a tu manera.
Si decides incorporar entrenamiento de fuerza , debe ser porque te hace sentir bien, te divierte, te calma o te da una sensación de poder, no porque piensas que tienes que "mantener tu cuerpo" para merecer algo.
Cuando el movimiento se convierte en un acto de amor, no hay control.
Si se elige libremente, el entrenamiento de fuerza puede convertirse en un verdadero aliado en la vida diaria. Puede contribuir a:
- Sentirse más estable, más arraigado, más seguro de sus movimientos.
- Aliviar ciertas tensiones articulares mediante un mejor soporte muscular.
- Reconectarse con el propio cuerpo de una manera diferente, basada en la fuerza, no en la restricción.
Estos beneficios solo son valiosos si se experimentan con delicadeza, amabilidad y respeto por tus límites. No hay jerarquía entre quienes practican deportes y quienes no. No existe una "mejor versión" de ti mismo a la que aspirar.
Si tienes ganas de intentarlo, hazlo a tu manera.
Si, por curiosidad o por placer, deseas explorar el entrenamiento de fuerza, puedes hacerlo sin presión, sin objetivos de rendimiento ni objetivos numéricos. Los enfoques más suaves y sostenibles incluyen, por ejemplo:
- De dos a tres sesiones por semana, o menos si eso te conviene.
- Ejercicios sencillos como sentadillas, zancadas, dominadas con bandas de resistencia o flexiones adaptadas.
- Comience con cargas ligeras, sólo si se siente bien, con posible progresión si lo desea.
De nuevo, nada es obligatorio. También podrías preferir caminar, bailar, practicar yoga, descansar o simplemente experimentar tu cuerpo sin someterlo a ningún programa.
Tu cuerpo no tiene nada que demostrar
El discurso predominante sobre la edad y el deporte a veces sugiere que después de los 30, hay que "actuar antes de que sea demasiado tarde". En realidad, nunca es tarde para ponerse en movimiento, y nunca es temprano para respetarse a uno mismo. Tu cuerpo no necesita estar optimizado para ser valioso. Ya es digno, fuerte y completo.
En resumen, el entrenamiento de fuerza puede ser una opción maravillosa, y también puede no serlo. Lo que realmente importa no es lo que haces por tu cuerpo, sino cómo lo ves, cómo le hablas y cómo lo habitas. Tu cuerpo no es un "proyecto para arreglar", es un lugar para honrar.
