Practicar deporte debería ser sinónimo de placer y bienestar. Sin embargo, para muchas adolescentes, la experiencia se convierte en una fuente de estrés e incomodidad. En Francia, al igual que a nivel internacional, está surgiendo una tendencia preocupante: las niñas se están retirando gradualmente de la actividad física a medida que crecen.
Cuando el cuerpo se convierte en un obstáculo
La pubertad es una época de intensa transformación, y el cuerpo adolescente a veces puede resultar incómodo. En Francia, el 63 % de las adolescentes admite sentirse cohibida por su apariencia, un obstáculo importante para practicar deportes. Esta realidad no es exclusiva de Francia: en el Reino Unido, el 43 % de las adolescentes deja de practicar deportes por razones similares, que van desde problemas de imagen corporal hasta la menstruación, sin mencionar el miedo a ser juzgadas por los demás.
Al otro lado del Atlántico, un estudio canadiense revela que una de cada tres adolescentes abandona el deporte a los 16 años. Las razones son las mismas: cambios físicos, pero también falta de modelos a seguir inspiradores y orientación adecuada. Estas cifras nos recuerdan que la relación con el cuerpo adolescente es un problema universal que merece atención y compasión.
Estilos de vida que sofocan el deseo de moverse
Además de las preocupaciones por la condición física, las limitaciones de tiempo representan otro obstáculo. Más de la mitad de las adolescentes francesas (57%) afirman que sus apretadas agendas les dejan poco tiempo para el deporte. Estudios estadounidenses confirman esta tendencia: las chicas de entornos menos privilegiados tienen el doble de probabilidades de dejar de practicar deporte que sus homólogos masculinos, debido a la falta de tiempo, instalaciones accesibles o apoyo familiar.
Los horarios nocturnos, los largos viajes y la falta de instalaciones deportivas diseñadas para ellos dificultan la participación, incluso la desaniman. Esta observación demuestra que la barrera no es solo psicológica, sino también logística y social.
La mirada ajena: una carga universal
Tanto en el vestuario como en el campo, el juicio puede ser paralizante. En Francia, el 40 % de las adolescentes afirma sentirse humillada por la forma en que las miran los demás. En el Reino Unido, este sentimiento asciende al 68 %, amplificado por los estándares que se promueven en las redes sociales.
En Canadá, algunas jóvenes deciden abandonar los deportes de equipo simplemente para evitar exhibir su cuerpo o ser objeto de burlas por parte de sus compañeros. Esta presión social, sumada al miedo a ser juzgadas, contribuye a crear un entorno donde el deporte deja de ser un placer y se convierte en una fuente de ansiedad.
Fatiga y agotamiento deportivo
En todo el mundo, las adolescentes parecen seguir el mismo camino: las crecientes exigencias de la escuela, la vida social y la tecnología digital dejan poco espacio para el deporte. Cuando se practica de forma competitiva, puede incluso generar estrés adicional. Las jóvenes de color o de entornos desfavorecidos se enfrentan a aún más obstáculos, lo que agrava su desvinculación del deporte y sus consecuencias para su salud física y mental.
Soluciones que están cambiando el juego
Ante esta situación, varias iniciativas resultan alentadoras. El estudio MGEN-Kantar recomienda, en particular, horarios adecuados (de 17:00 a 19:00), instalaciones convenientemente ubicadas, sesiones flexibles y supervisión con apoyo. Estas ideas están encontrando eco en otras partes del mundo:
- En Canadá, el programa “She Plays” ofrece actividades no competitivas centradas en la diversión y la confianza en uno mismo.
- En el Reino Unido, "This Girl Can" ayuda a las adolescentes a reconectarse con el deporte sin presión por el rendimiento.
- En Australia, "Girls Make Your Move" tiene como objetivo reducir las tasas de abandono escolar haciendo que el deporte sea inclusivo y visible.
Estas iniciativas demuestran que con escucha y adaptación es posible devolver a las adolescentes las ganas de moverse, respetando su ritmo y su cuerpo.
Una emergencia de salud pública
La disminución del interés de las adolescentes por el deporte no es una simple moda pasajera: afecta tanto a la salud física como a la mental. Una menor actividad física conlleva un mayor sedentarismo, riesgo de aumento de peso, problemas menstruales, ansiedad, aislamiento y pérdida de confianza en sí mismas. En Francia, casi una de cada dos niñas deja de practicar deporte entre los 13 y los 18 años. A nivel mundial, la OMS estima que el 84 % de las adolescentes no cumple con las recomendaciones mínimas de actividad física.
Devolver a las adolescentes la alegría del movimiento no es solo una cuestión de rendimiento: se trata de salud, bienestar y confianza en sí mismas. Con soluciones personalizadas, es posible transformar el deporte en una experiencia positiva, accesible y liberadora para todos.
