Sobrecarga sensorial: estas son las señales que muchas personas ignoran.

El perfume de tu compañero te agobia cada vez que pasas a su lado, el ruido del refrigerador te obsesiona hasta el punto de tener que usar tapones para los oídos, y las expresiones faciales de tu pareja te enfurecen. Si tus sentidos están en alerta y reaccionan ante la menor estimulación, podrías estar sufriendo de sobrecarga sensorial, otra manifestación de la ansiedad.

Sobrecarga sensorial, cuando los sentidos están saturados.

La más mínima cosa te irrita. El tintineo de un tenedor en un plato, el tecleo de las manos, el sonido de las zapatillas en el parqué, el olor a café en la oficina diáfana, el aroma a comida frita que emana de los restaurantes, el humo de los tubos de escape, el brillo de las farolas. Te sientes abrumado por tu entorno, e incluso los estornudos de tu pareja te irritan. En definitiva, experimentas todo con mayor intensidad, como si tu mente estuviera al límite y tu cuerpo percibiera cada sensación en realidad aumentada.

Al principio, minimizas tu malestar atribuyéndolo a la menstruación, que está a punto de comenzar, o llegas a la conclusión más simple: "Estoy un poco nerviosa ahora mismo". Sin embargo, a veces esto es señal de sobrecarga sensorial, un momento en el que has llegado a tu límite. Por ejemplo, el zumbido del ventilador de tu ordenador, que antes no habías notado, de repente se vuelve insoportable. Lo mismo ocurre con el destello brillante de la luz de la farmacia, que prácticamente te deslumbra y te obliga a apartar la mirada.

La sobrecarga sensorial se produce cuando el cerebro tiene dificultades para interpretar, priorizar o procesar la información sensorial. En ese caso, envía al cuerpo una señal para que se aleje de estos estímulos sensoriales. Este mensaje desencadena sensaciones de malestar y pánico, explica la publicación médica Medical News Today . Cualquier persona puede experimentar sobrecarga sensorial, pero algunas tienen mayor predisposición. Esto es especialmente cierto para quienes padecen trastorno del espectro autista o TDAH. Son hipersensibles al mundo que les rodea. Esto explica por qué usan auriculares con cancelación de ruido en el supermercado y se tapan los ojos ante las luces fluorescentes brillantes.

Los síntomas, desde los más evidentes hasta los más insidiosos

La sobrecarga sensorial no siempre se manifiesta de forma dramática. A veces, aparece de manera sutil hasta que el cuerpo da la voz de alarma. Los primeros síntomas pueden parecer inofensivos: irritabilidad inusual, un impulso repentino de huir de un lugar ruidoso o una fatiga que aparece de repente en pleno día.

Algunas personas sienten una necesidad imperiosa de aislarse, como si su cerebro exigiera un descanso inmediato. Las conversaciones se vuelven difíciles de seguir, los ruidos se superponen y la más mínima estimulación parece amplificarse. Demasiada luz brillante, un olor demasiado intenso o música demasiado alta pueden provocarles una auténtica incomodidad.

Para otros, la sobrecarga sensorial se manifiesta físicamente: dolores de cabeza, tensión en el cuello, palpitaciones o sensación de opresión en el pecho. El cuerpo entra en estado de alerta, como si se protegiera de un peligro invisible. Este fenómeno también está estrechamente relacionado con el sistema nervioso, que se esfuerza por filtrar toda la información proveniente del entorno.

Es posible que sientas una incomodidad terrible al tacto de una prenda de terciopelo, del mismo modo que te paralizas al oír el roce de una silla contra el suelo. La sobrecarga sensorial te hace sentir como si estuvieras en un entorno hostil donde cada estímulo se percibe como un ataque.

¿Cómo podemos aliviar esta sobrecarga sensorial?

Según su gravedad, la sobrecarga sensorial puede ser particularmente debilitante. Te obliga a rechazar invitaciones, aislarte y replantearte ciertos hábitos, incluso privándote de placeres sencillos. La buena noticia es que existen maneras de calmar esta agitación interna. El primer paso suele ser reconocer qué desencadena la sobrecarga. ¿Es el ruido constante de una oficina diáfana? ¿Las luces demasiado brillantes de un supermercado? ¿ El transporte público abarrotado al final del día? Identificar estos factores te permite anticiparte y protegerte mejor. Puedes llevar un diario para anotar todos los elementos que te distraen y te abruman.

Algunas personas encuentran alivio al reducir la estimulación a su alrededor: escuchar música suave con auriculares, atenuar las luces en casa o tomarse unos minutos de silencio después de un día ajetreado. Las pausas sensoriales, como caminar por un parque, respirar profundamente o simplemente cerrar los ojos por unos instantes, también pueden ayudar al cerebro a relajarse. Medical News Today también menciona las "zonas seguras", lugares donde uno puede "refugiarse", como los baños o las salas de reuniones vacías.

En definitiva, la sobrecarga sensorial no es un capricho ni un signo de fragilidad. A menudo es una señal de que el cuerpo ha llegado a su límite y necesita bajar el ritmo.

Émilie Laurent
Émilie Laurent
Como experta en palabras, manejo recursos estilísticos y perfecciono el arte de los remates feministas a diario. En mis artículos, mi estilo ligeramente romántico te ofrece sorpresas realmente cautivadoras. Disfruto desentrañando temas complejos, como un Sherlock Holmes moderno. Minorías de género, igualdad, diversidad corporal… Periodista al límite, me sumerjo de lleno en temas que generan debate. Adicta al trabajo, mi teclado a menudo se pone a prueba.

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