Cambiar de carrera después de los 35 a menudo se siente como un salto a lo desconocido. Sin embargo, muchas mujeres lo han hecho, y sus experiencias son tan inspiradoras como reveladoras. Demuestran que nunca es tarde para reconectarse con uno mismo, con los propios deseos y valores.
"Quería un significado, no sólo un salario".
Para muchos, un cambio de carrera comienza con una vocecita interior que se niega a silenciarse. Este es el caso de esta mujer que dejó una cómoda carrera en diseño de interiores a los 35 años para dedicarse a la gestión de productos y la estrategia digital. Este cambio no fue impulsivo: surgió de una profunda necesidad de encontrarle sentido y disfrutar de su trabajo.
A pesar de las dudas relacionadas con su edad y el miedo a empezar de cero, decidió escuchar su voz interior. Completó su formación, encontró mentores, empezó a trabajar como freelance y finalmente consiguió un puesto a tiempo completo que realmente le convenía. ¿Qué la sorprendió más? Sentirse finalmente alineada con sus objetivos y demostrarles a sus hijos que es posible cambiar de rumbo en cualquier momento de la vida.
Regresar a los estudios: un reto que ayuda a crecer
Para algunas mujeres, cambiar de carrera significa volver a la universidad. En Estrasburgo, mujeres de 36, 42 e incluso 56 años han decidido retomar sus estudios para cambiar de rumbo. Tras años en trabajos que ya no las llenaban, han optado por invertir en sí mismas.
Este regreso al aprendizaje fue exigente, pero también increíblemente estimulante. Describen haber redescubierto una nueva energía, una confianza renovada y una inesperada sensación de legitimidad. ¿Qué les sorprendió? Su propia adaptabilidad y la gran cantidad de oportunidades que se les presentaron tras este curso de actualización.
Dejar todo atrás para acercarse a sus valores.
En un blog dedicado a la orientación profesional, Elorri, ingeniera con más de 10 años de experiencia, relata cómo su trabajo se convirtió en una carga diaria. A los 35 años, decidió cambiarlo todo. No para escapar, sino para acercarse a lo que realmente le importaba.
Su punto de inflexión fue simple pero contundente: "¿Por qué no yo?". Aceptó la idea de empezar de cero, aprender un nuevo oficio y afrontar un período de incertidumbre. Lo que más la sorprendió fue descubrir que la valentía no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de perseverar a pesar de él.
Múltiples caminos, una energía compartida
En foros y redes sociales , muchas mujeres comparten historias similares. A los 35, 38 o incluso 45 años, cambiaron de carrera, volvieron a estudiar o aceptaron un puesto de menor nivel para recuperarse con más fuerza. Algunas dejaron trabajos estables, mientras que otras se atrevieron a emprender proyectos más creativos, emprendedores o con mayor conciencia social.
Todos describen un período de duda, pero también una inmensa satisfacción por haberse dado una oportunidad. ¿Qué no anticiparon? La confianza renovada, el impulso interior y el orgullo de haberse atrevido.
Lo que estos caminos tienen en común
A pesar de la diversidad de las historias, varios puntos se repiten:
- Una necesidad de significado, realización y coherencia personal.
- Miedos muy reales, pero también la alegría de haber escuchado los propios deseos.
- El invaluable apoyo de seres queridos, mentores o comunidades.
- La importancia de la formación, ya sea académica, online o en el trabajo.
Cambiar de carrera después de los 35 ya no es una excepción, sino una experiencia cada vez más común y profundamente enriquecedora. Estas mujeres demuestran que es posible redefinir tu trayectoria profesional a cualquier edad, con autocompasión, valentía y confianza. Tu experiencia, habilidades y trayectoria vital no son obstáculos: son tus mayores fortalezas para escribir el siguiente capítulo.
