Marty y Jess Ansen no son solo viajeros: son verdaderos pioneros de una jubilación flotante. Jubilados, bisabuelos y amantes del mar, decidieron en junio de 2022 convertir su pasión en un estilo de vida. ¿Su base? El Coral Princess. ¿Su rutina? Una serie de cruceros sin escalas , más de cincuenta hasta la fecha, para un total de más de 500 días en el mar.
Un escape bienvenido después de los confinamientos
Como muchos, puede que hayas sentido la necesidad de un cambio de ritmo tras la pandemia. Para Marty y Jess, esta necesidad de renovación se manifestó en una decisión radical: vender, ordenar, simplificar y luego irse. A bordo, la vida se vuelve inmediatamente más ligera. Se acabaron las tareas domésticas, las limitaciones domésticas. Las camas se hacen sin esfuerzo, los platos desaparecen como por arte de magia y por fin se puede dedicar la energía a lo que realmente importa: disfrutar.
Cada día comienza con el suave chapoteo del océano y se llena de actividades que nutren cuerpo y mente. Ping-pong para mantener los reflejos agudizados, paseos por la terraza para celebrar el movimiento, momentos de relajación en el balcón saboreando una bebida fresca, la piel calentada por el sol. Aquí, el bienestar no es un eslogan, es una forma de vida.
Caras conocidas a bordo
Tras tantas travesías, con el tiempo te conviertes en un rostro familiar. En el Coral Princess, Marty y Jess son recibidos como amigos. La tripulación los reconoce, los pasajeros los abrazan y las conversaciones fluyen con la misma naturalidad que los atardeceres. Han forjado vínculos en cada puerto, compartiendo risas, historias y comidas. Su presencia es reconfortante, inspiradora y demuestra que un cuerpo que envejece puede seguir siendo curioso, activo y estar plenamente vivo.
Una ecuación financiera sorprendente
La pregunta que probablemente te estés haciendo es: ¿cuánto cuesta? La respuesta es sorprendente. Según la pareja, vivir en un crucero les cuesta menos que una estancia tradicional en una residencia de ancianos. Todo está incluido: comidas variadas, espectáculos, actividades deportivas y culturales, sin olvidar el acceso a la atención médica a bordo.
Sin facturas inesperadas ni gastos extra acumulados. El presupuesto está bajo control y la comodidad es real. ¿Para qué pagar más por quedarse en casa cuando el mar ofrece movimiento, descubrimiento y una calidad de vida envidiable? Su razonamiento es claro y cada vez atrae a más personas mayores.
Un retiro que en última instancia celebra el cuerpo y la libertad.
Elegir un retiro en el mar también implica honrar tu cuerpo tal como es, sin presiones. Las actividades se adaptan a todos los ritmos, la gente se relaciona sin prejuicios y cada uno encuentra su lugar. Piscinas, conferencias, espectáculos, escalas lejanas: cambias de entorno sin tener que deshacer las maletas.
La seguridad es primordial, se vigila la salud y se estimula la mente constantemente. Esto no impide que algunas personas duden de los cruceros, que perciben como una opción perjudicial para el medio ambiente, hasta el punto de optar por evitarlos por completo.
Lejos de ser una evasión, esta elección es una afirmación: Marty y Jess demuestran que es posible envejecer activamente, con placer y entusiasmo. Su historia inspira a quienes sueñan con horizontes abiertos y una jubilación que rime con una vida cotidiana fluida en lugar de con la rutina.
