Quizás ya hayas notado que los ojos marrones son, con diferencia, el color más común a nivel mundial. Este color, lejos de ser común, revela una historia fascinante sobre nuestra genética y evolución. El hecho de que entre el 70 y el 80 % de los humanos tengan ojos marrones no es casualidad ni una simple cuestión de estética.
Todo comienza con la melanina.
El color de los ojos depende principalmente de un pigmento natural: la melanina. Más precisamente, es la cantidad y distribución de esta melanina en el iris lo que determina el tono. Los ojos marrones contienen una alta concentración de melanina. Esta alta densidad absorbe más luz, lo que le da al iris su aspecto oscuro y profundo.
Por el contrario, los ojos azules, verdes o grises contienen menos melanina. No hay pigmento azul ni verde en el ojo: estos colores aparecen gracias a un fenómeno de dispersión de la luz, similar al que da el color azul al cielo.
La melanina no solo tiene fines estéticos. Desempeña una función protectora vital. Ayuda a proteger los tejidos oculares de la radiación ultravioleta. En ambientes muy soleados, esta protección representa una importante ventaja biológica.
Los primeros humanos tenían ojos marrones.
Los investigadores creen que todos los primeros humanos tenían ojos marrones. Este color corresponde al estado genético más temprano de nuestra especie. Se cree que las variaciones hacia ojos más claros aparecieron mucho más tarde en la evolución. Según estudios genéticos, en particular los publicados en la revista científica Human Genetics , la mutación responsable de los ojos azules apareció hace aproximadamente entre 6000 y 10 000 años. Se cree que está relacionada con una variación en el gen OCA2 y en una región reguladora del gen HERC2, dos genes implicados en la producción de melanina.
Antes de esta mutación, la alta producción de melanina era la norma. En regiones con alta exposición al sol —como África, Oriente Medio o el sur de Asia—, esta característica representaba una ventaja adaptativa. Una pigmentación más oscura protegía no solo la piel, sino también los ojos. Por lo tanto, los ojos marrones no son «más comunes» por casualidad: reflejan nuestra herencia ancestral.
Una distribución geográfica lógica
Incluso hoy en día, los ojos marrones son los más comunes en África, Asia, Latinoamérica y el sur de Europa. Los ojos claros se concentran más en el norte y el este de Europa. Esta distribución se explica por la historia de las migraciones humanas y la propagación de ciertas mutaciones genéticas en poblaciones específicas.
En regiones con menor exposición solar, una baja concentración de melanina no representó una desventaja importante. Por lo tanto, las mutaciones responsables de los ojos claros pudieron transmitirse y propagarse. Es fundamental recordar que no existe una jerarquía biológica entre los colores de ojos. Se trata simplemente de variaciones naturales resultantes de la adaptación y la mezcla genética.
La genética es mucho más compleja de lo que imaginamos.
Durante mucho tiempo se ha creído que el color de los ojos depende de un mecanismo simple: marrón dominante, azul recesivo. En realidad, la situación es mucho más compleja. Varios genes intervienen en la determinación del color del iris. Los genes OCA2 y HERC2 desempeñan un papel fundamental, pero otras regiones del genoma también influyen en las tonalidades. Por ello, dos padres con ojos marrones pueden tener un hijo con ojos claros, y viceversa. El color de los ojos es el resultado de una compleja interacción entre varios factores hereditarios.
En resumen, si aproximadamente el 80% de los humanos tienen ojos marrones, es el resultado combinado de nuestra herencia genética ancestral, la función protectora de la melanina y las grandes migraciones humanas. El color de tus ojos, ya sea oscuro, claro o un tono intermedio, refleja la riqueza de la humanidad. Tus ojos son más que un simple color: llevan en su interior miles de años de historia.
