Durante décadas, el "Triángulo de las Bermudas" ha suscitado tanto sueños como temores, alimentado por relatos de desapariciones inexplicables y teorías espectaculares. Ahora, un científico australiano afirma que este enigma podría ser mucho menos misterioso de lo que se creía.
Una zona que se ha vuelto legendaria
El Triángulo de las Bermudas se encuentra en el océano Atlántico, entre Florida, Puerto Rico y el archipiélago de las Bermudas, y abarca aproximadamente 500.000 kilómetros cuadrados. El término fue popularizado en 1964 por el periodista Vincent Gaddis, antes de que el escritor Charles Berlitz convirtiera la zona en objeto de fascinación mundial diez años después.
A lo largo de los años, las historias de barcos, aviones y tripulaciones desaparecidos han alimentado multitud de hipótesis: fenómenos paranormales, civilizaciones hundidas, anomalías magnéticas, criaturas marinas o distorsiones temporales. La imaginación colectiva se ha desbocado, transformando este tramo de océano en un símbolo de absoluto misterio.
Una explicación mucho más racional
Karl Kruszelnicki, un reconocido científico australiano, ofrece una perspectiva más pragmática. Según él, esta zona no tiene nada de excepcional. La razón es simple: el Triángulo de las Bermudas es extremadamente transitado, tanto por barcos comerciales como por aviones. Cuanto más denso es el tráfico, más incidentes pueden ocurrir. En relación con el volumen de tráfico, el número de desapariciones no es mayor que en otras zonas marítimas.
En otras palabras, el misterio se debe menos a la geografía en sí que a la narrativa mediática que la rodea. La leyenda se ha expandido con historias sensacionalistas, mientras que los datos científicos siguen siendo bastante comunes.
Instituciones oficiales y datos: nada anormal
Los análisis oficiales confirman este enfoque racional. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) no ha registrado una frecuencia anormal de accidentes en la región. Sin embargo, las condiciones meteorológicas pueden ser complejas: la Corriente del Golfo genera cambios rápidos y corrientes impredecibles, mientras que la configuración geográfica, con sus numerosas islas y estrechos pasajes, dificulta la navegación. Incluso la aseguradora marítima Lloyd's de Londres considera que la zona no presenta un peligro estadísticamente mayor que otras rutas marítimas frecuentadas.
Magnetismo, clima y error humano
Algunos fenómenos son muy reales, pero están perfectamente documentados. Ligeras variaciones en el campo magnético terrestre pueden interrumpir temporalmente los instrumentos de navegación. A esto se suman factores conocidos: errores humanos, problemas técnicos y condiciones meteorológicas extremas. En conjunto, estos factores bastan para explicar la mayoría de los accidentes. Por lo tanto, no existen secretos ocultos, vórtices misteriosos ni criaturas marinas legendarias. La ciencia demuestra que las causas son clásicas, racionales y comprensibles.
Cuando el mito supera a los números
A pesar de estas claras explicaciones, el Triángulo de las Bermudas sigue fascinando. Se encuentra en la encrucijada de la ciencia y la narrativa, entre figuras tangibles y relatos extraordinarios. Las desapariciones pasadas, ya sean accidentales o amplificadas por leyendas, han dejado una huella imborrable en el imaginario colectivo.
Para Karl Kruszelnicki, el mensaje es claro: no se ha verificado ningún fenómeno sobrenatural. Lo que percibimos como un misterio es principalmente una narración, pero, paradójicamente, este elemento de leyenda es lo que hace al Triángulo de las Bermudas tan cautivador.
En definitiva, el Triángulo de las Bermudas demuestra que la ciencia y la imaginación pueden coexistir. Los datos científicos desmitifican la zona, pero la fascinación persiste. No hay nada inexplicable, nada mágico... solo un lugar frecuentado, sujeto a las mismas leyes naturales que el resto del océano. Y quizás sea esta sutil mezcla de realidad y ficción la que sigue alimentando las historias, películas y apasionados debates en torno a este rincón del Atlántico.
