Con más de 60 años, Sue Barr se vio abrumada por las deudas de su casa. Para cambiar de rumbo, esta fotógrafa estadounidense vendió su propiedad y se embarcó en una nueva vida… en el mar.
Una deuda que se ha vuelto demasiado pesada para soportarla
Durante casi 20 años, Sue Barr vivió en Nueva Jersey, donde desarrolló su carrera fotográfica mientras criaba a su hijo como madre soltera. Una vez que su hijo creció y se estableció en Florida, algo encajó. En una entrevista publicada por Business Insider , explicó que había acumulado lo que describió como una deuda "abrumadora", principalmente relacionada con su vivienda. Cada gasto inesperado, como una avería en la calefacción, devoraba los ahorros que intentaba reunir para viajar.
Relata, en particular, que tuvo que cancelar un viaje a Costa Rica para financiar reparaciones urgentes. Este episodio marcó un punto de inflexión: se dio cuenta entonces de que ya no podía imaginar un futuro en esta vida cotidiana marcada por las facturas y las limitaciones financieras.
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Crédito de la foto: Sue Barr (www.suebarr.com)
Vender su casa para empezar de nuevo
Ante este impasse, Sue Barr toma una decisión radical: vender su casa. Aunque no sabe qué hará de inmediato, recuerda a un amigo que trabaja en cruceros. La idea cobra fuerza. Mientras busca ofertas de trabajo en línea, descubre puestos para fotógrafos a bordo de cruceros. Solicita y le ofrecen un contrato como fotógrafa principal para una empresa de alta gama.
Antes de embarcar, tuvo que obtener un certificado de marinero, lo que implicó extensos exámenes médicos y físicos. Dice que la experiencia le resultó exigente, pero aprobó las pruebas. Poco después, voló a Sídney, Australia, el punto de partida de su nueva vida.
Una vida entre continentes
En su ensayo publicado por Business Insider, Sue Barr explica que en seis meses visitó tres continentes. También afirma que ha recuperado una mejor condición física y un estado de ánimo más estable. Trabajar en el mar le permitió reducir sus gastos fijos: se acabaron los impuestos sobre la propiedad y los gastos de mantenimiento del hogar. Describe una sensación de alivio financiero y personal que evoca una nueva libertad. Para ella, esta transición representa no solo un cambio de aires, sino una verdadera redefinición de su estilo de vida. Habla de un nuevo capítulo marcado por la creatividad y los viajes.
Una realidad más exigente de lo que parece
Sin embargo, la vida a bordo dista mucho de ser un crucero permanente. En otro relato publicado por la revista People, Sue Barr describe horarios intensos y un ritmo acelerado. Los plazos son ajustados y la satisfacción de los pasajeros sigue siendo la máxima prioridad. Las condiciones de vida de la tripulación también son minimalistas: camarotes pequeños, espacios compartidos y normas estrictas. Menciona, por ejemplo, las alarmas de incendios que se activan con el vapor de una ducha demasiado caliente, lo que ilustra la disciplina diaria impuesta a bordo. A pesar de estas limitaciones, afirma no arrepentirse de su elección. Enfatiza que este estilo de vida requiere adaptabilidad, la capacidad de vivir con pocas pertenencias personales y la aceptación de un entorno altamente estructurado.
Una elección deliberada para restablecer el equilibrio
También entrevistada por el Daily Mail, Sue Barr explicó que esta decisión representó una especie de "reinicio" para ella. Cree que trabajar en un barco puede ser una opción viable para quienes buscan estabilidad financiera, siempre que acepten un horario de trabajo exigente y un espacio habitable limitado.
Su historia ilustra una tendencia más amplia: ante la carga de las deudas y el coste de la vida, algunas personas están considerando las llamadas alternativas radicales a la vivienda tradicional. Para Sue Barr, vender su casa no fue una renuncia, sino una forma de liberarse de una carga que se había vuelto incompatible con sus aspiraciones.
Al decidir abandonar tierra firme para vivir y trabajar en un crucero, Sue Barr transformó una difícil situación financiera en una oportunidad de cambio. Su experiencia demuestra que de las dificultades puede surgir un acontecimiento transformador, siempre que se acepte la incomodidad de lo desconocido y las exigencias de una vida completamente renovada.
