Este estudio cuestiona la creencia común de que perder peso te hace feliz.

Con la llegada del verano, los titulares de los periódicos nos animan a cambiar nuestras cómodas pantuflas por zapatillas deportivas y a quemar esas "calorías acumuladas" con una ración de raclette. Cada año, muchas personas sucumben a la presión de las rutinas para adelgazar, como si perder peso se tradujera automáticamente en una mayor felicidad. Como si sentirse holgado en vaqueros fuera la máxima expresión de plenitud. Sin embargo, un estudio reciente está poniendo en tela de juicio todo lo que creíamos saber sobre la pérdida de peso.

Tristeza por la dieta: una realidad poco conocida

Con la llegada del verano, las revistas se llenan de recetas desintoxicantes, consejos nutricionales "milagrosos" y rutinas de ejercicio en casa, instando al público a perder unos kilos para lucirse en la playa. Ya no es el queso raclette lo que se derrite, sino las cifras, como si bajar de peso aumentara la sensación de bienestar.

Si hemos de creer en estas afirmaciones repletas de preceptos, la felicidad depende de unos pocos centímetros de cintura y reside en ensaladas insípidas, ropa de talla 34 y tés de hierbas "quemagrasas". Para sentirse bien mentalmente, uno debe sentirse bien físicamente, y eso es imposible con michelines, barriga flácida y muslos que se rozan. Al menos, eso es lo que la sociedad nos ha hecho creer, asociando un vientre plano con la vitalidad.

Muchos se dejan seducir por estas promesas tentadoras y se embarcan en dietas drásticas, con la esperanza de alegrarse al ver su nueva imagen. Sin embargo, en teoría, perder peso es "idílico", pero en realidad, es fuente de sufrimiento. Lejos de traer felicidad, ese número en la báscula, que atestigua meses de privaciones y ejercicio implacable, no evoca más que desesperación. Un estudio del University College London refuta la idea de que la delgadez sea la cura para la felicidad. Y las afirmaciones impresas en papel brillante suenan más a mentiras que a consejos inofensivos.

Cuando la decepción supera la satisfacción

En el imaginario colectivo, perder peso es un logro, un éxito personal, un motivo de felicitación. La sociedad nos ha lavado el cerebro con esta versión idealizada de la dieta. Por lo tanto, es difícil imaginar sentirse desanimado por este cambio físico tan deseado. Sin embargo, muy a menudo, los resultados no cumplen con las expectativas. Y, en última instancia, incluso con "menos kilos", el ánimo sigue siendo bajo.

Perder una cantidad significativa de peso duplica el riesgo de sentirse triste, solo o incluso deprimido, en comparación con alguien que no ha perdido peso o que incluso lo ha ganado. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores hicieron un seguimiento a casi 2000 personas con sobrepeso u obesidad. Al final del período de análisis, el 14 % de los participantes había perdido al menos el 5 % de su peso corporal. Sin embargo, su estado psicológico no había mejorado; de hecho, todo lo contrario.

Las personas que perdieron peso tenían un 78 % más de probabilidades de desarrollar síntomas depresivos en comparación con las demás. Por lo tanto, a pesar de las mejoras en algunos indicadores de salud, como la presión arterial, carecían de entusiasmo por la vida. ¿La razón? El efecto rebote, la sensación de estancamiento, la lentitud para ver resultados en el espejo, la sensación de que los esfuerzos son en vano. Perder peso implica muchos sacrificios, sin recompensas reales al final. "La gente no debería esperar ver mejoras repentinas en todos los aspectos de su vida", advierte Sarah Jackson, una de las investigadoras del estudio.

La autoaceptación, la mejor receta.

En definitiva, la moraleja de este estudio es clara: es mejor cambiar de perspectiva que de cuerpo. El hecho de que te queden bien esos pantalones de joven y te puedas abrochar ese vestido no significa que te hayas librado de todas tus preocupaciones. Además, esos kilos de más que tanto te ha costado ganar vuelven enseguida.

Según un estudio publicado en la revista científica New Scientist , aproximadamente el 85% de las personas consideradas con sobrepeso que pierden al menos una décima parte de su peso lo recuperan al año siguiente. Entonces, ¿qué sentido tiene privarse del postre en un restaurante y resistir la tentación de una buena hamburguesa si al final vas a volver a tu peso inicial?

Vivir la vida al máximo antes de ser devorados por las presiones sociales: esa es la filosofía correcta. En lugar de transformar nuestros cuerpos para ajustarnos a los cánones de belleza, transformamos nuestra mentalidad. En lugar de tonificar nuestros cuerpos, fortalecemos nuestra autoestima. Porque la verdadera revolución no se trata de "perder unos kilos", sino de liberarnos de las presiones que nos convencen de que debemos cambiar para merecer la felicidad. Aprender a habitar nuestros cuerpos tal como son, con todas sus variaciones y características únicas, sigue siendo, sin duda, el enfoque más saludable.

Émilie Laurent
Émilie Laurent
Como experta en palabras, manejo recursos estilísticos y perfecciono el arte de los remates feministas a diario. En mis artículos, mi estilo ligeramente romántico te ofrece sorpresas realmente cautivadoras. Disfruto desentrañando temas complejos, como un Sherlock Holmes moderno. Minorías de género, igualdad, diversidad corporal… Periodista al límite, me sumerjo de lleno en temas que generan debate. Adicta al trabajo, mi teclado a menudo se pone a prueba.

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