Considerado durante mucho tiempo el mejor aliado para la salud gracias a sus ácidos grasos omega-3, el salmón de piscifactoría se enfrenta ahora a nuevas advertencias. Científicos y ONG señalan la presencia de contaminantes, lo que reavivó el debate sobre sus efectos en la salud y el medio ambiente.
Contaminantes bajo vigilancia
Varios estudios científicos han puesto de manifiesto la presencia de contaminantes en ciertos peces de cultivo, incluido el salmón. Entre ellos se encuentran contaminantes orgánicos persistentes (COP), bifenilos policlorados (PCB) y diversos residuos asociados a piensos industriales.
La ONG Oceana conciencia periódicamente sobre este problema. Según la organización, el salmón de piscifactoría puede contener niveles preocupantes de contaminantes, en parte debido a la harina y el aceite de pescado utilizados para alimentar a los peces en la acuicultura intensiva. Se dice que estas sustancias son bioacumulables: se acumulan gradualmente en los tejidos grasos a medida que ascienden en la cadena alimentaria. El salmón es un pez naturalmente rico en lípidos. Esto significa que puede almacenar más de ciertos contaminantes que las especies más magras. Sin embargo, las concentraciones varían según el origen geográfico, los métodos de cultivo y la normativa de cada país.
¿Por qué la ganadería suscita interrogantes?
El salmón de piscifactoría se produce principalmente en granjas marinas donde se crían peces a altas densidades. Su alimento suele consistir en productos derivados de otros peces, que a su vez están expuestos a contaminantes marinos. Este sistema promueve la concentración de sustancias indeseables.
Las normativas europeas, norteamericanas y sudamericanas no son idénticas, lo que puede influir en los niveles medidos. En la mayoría de los casos, los productos comercializados cumplen con los umbrales establecidos por las autoridades sanitarias. Sin embargo, la exposición repetida a ciertos contaminantes orgánicos persistentes se ha estudiado durante décadas debido a sus posibles efectos sobre el sistema hormonal, el desarrollo y ciertas enfermedades crónicas.
Una preocupación mundial
El salmón es uno de los pescados más consumidos en Europa y Norteamérica. El crecimiento masivo de la acuicultura ha satisfecho la demanda, pero también plantea preocupaciones ambientales: contaminación local, propagación de enfermedades entre los peces y mayor presión sobre los recursos marinos utilizados para producir harina de pescado.
Para Oceana, la transparencia en cuanto al origen y las prácticas de producción es fundamental. La ONG aboga por controles más estrictos y mejores métodos de cultivo para reducir la contaminación y el impacto ambiental.
Ante estos factores, los expertos recomiendan principalmente la diversificación. Alternar especies, priorizar productos certificados o de cadenas de suministro más responsables, y no concentrar el consumo en un solo tipo de pescado ayuda a limitar el riesgo de acumulación.
No tienes que comer pescado
Hay un punto que a menudo se pasa por alto en el debate: no es necesario comer salmón, ni siquiera pescado, para estar sano. Las imágenes de algunas piscifactorías muestran realidades desoladoras: hacinamiento, matanzas brutales, etc. La situación no es mejor en la pesca industrial: los peces se capturan en masa, se emplean técnicas destructivas y sufren una agonía prolongada.
Si estos puntos te generan dudas, debes saber queuna dieta equilibrada a base de plantas puede satisfacer tus necesidades nutricionales. Proteínas, calcio, hierro, ácidos grasos esenciales: todos estos nutrientes se encuentran en legumbres, semillas, frutos secos, cereales integrales y verduras de hoja verde. Tu cuerpo puede nutrirse completamente sin depender de mariscos.
En conclusión, como suele ocurrir en nutrición, todo se reduce al equilibrio, la diversidad y la información. Tienes derecho a buscar información, cuestionar las cadenas de suministro, variar tus fuentes de proteínas o cambiar tus hábitos. Comer conscientemente también significa respetar tu cuerpo, tus valores y el entorno en el que vives.
