Durante una reciente aparición en un podcast , la actriz estadounidense Geena Davis recordó una audición de 1985 para una comedia que ahora es un clásico. Se postulaba para el papel principal femenino. La respuesta que recibió fue simple: no era lo suficientemente atractiva para el papel.
Una frase dicha sin andarse con rodeos.
Geena Davis, ahora de 70 años, recuerda el intercambio con cierta perspectiva. Especifica que recuerda que fue "directo" y añade con humor que "su peinado de ese día probablemente no la ayudó". El presentador del podcast, Dax Shepard, respondió señalando que, en aquel entonces, un equipo de producción podía hacer ese tipo de comentarios en voz alta, sin ninguna precaución especial.
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Un papel secundario, transformado por su petición.
La historia podría haber terminado ahí, pero el equipo de filmación, cautivado por su talento cómico, estaba deseoso de incluirla en el proyecto. Le ofrecieron un papel mucho más modesto: el de una empleada de la morgue, originalmente escrito para un hombre y llamado Larry, con la condición de que se feminizara para ella. Su respuesta pasó a formar parte de la historia de la película: aceptó el papel, pero quiso conservar el nombre "Larry". Sin embargo, el papel femenino principal fue para la actriz Dana Wheeler-Nicholson.
Una trayectoria que contradice el veredicto.
El resto de su carrera fue una respuesta implícita a ese rechazo. Al año siguiente, Geena Davis consiguió un papel protagonista en una película de terror que hoy es un clásico. En 1988, ganó el Óscar a la Mejor Actriz de Reparto. Le siguieron dos importantes películas a principios de la década de 1990, una de las cuales le valió una nominación a Mejor Actriz. Una carrera construida precisamente sobre aquello que la industria sentía que no veía en ella.
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Un compromiso que amplía el testimonio
Esta historia cobra especial relevancia a la luz de su trayectoria. Geena Davis fundó un instituto de investigación dedicado a la representación de la mujer en los medios, cuyo trabajo ha documentado los desequilibrios en la ficción durante los últimos veinte años: el número de personajes femeninos, el tiempo de diálogo y los roles que se les asignan. Geena Davis también ha hablado en varias ocasiones sobre las dificultades que ella misma enfrenta en relación con su apariencia en una industria que la convierte en un criterio de contratación.
Esta anécdota revela algo más que una simple audición fallida. Nos recuerda que, no hace mucho, la apariencia física podía evaluarse públicamente como una habilidad profesional. El hecho de que este testimonio provenga de una actriz que se ha convertido en una de las más aclamadas de su generación le confiere un significado especial: el criterio no solo era hiriente, sino también erróneo.
