La comediante, actriz, guionista y productora estadounidense Kathy Griffin rechaza las etiquetas reductivas y los juicios sobre la edad. A sus 65 años, acepta plenamente el término "cougar" que se le aplica e incluso lo convierte en una fortaleza, al tiempo que denuncia los comentarios sexistas sobre la apariencia de las llamadas mujeres maduras.
"No puedo dejar que un cuerpo tan hermoso se desperdicie".
En una entrevista reciente con The Cut, una filial de la revista New York Magazine, respondió con una mordaz y jubilosa a sus críticos. Con su humor característico, Kathy Griffin pronunció esta frase, ahora viral: "Me llaman puma todo el tiempo, ¿y qué? ¿Qué quieren que haga? ¡No puedo dejar que un cuerpo tan bueno se desperdicie!". Lejos de hacerse la víctima, Kathy Griffin transformó la burla en una declaración de amor propio. Celebró su feminidad y su cuerpo, negándose a conformarse con las expectativas de que las mujeres mayores de 50 años deban volverse invisibles o esconderse.
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La paradoja de la mirada masculina sobre las mujeres maduras
Kathy Griffin destaca una flagrante inconsistencia: los hombres comentan constantemente sobre la apariencia de las mujeres, su edad, su supuesta "fecha de caducidad" y juzgan si "envejecen bien o mal". Sin embargo, estas mismas voces describen a las mujeres de 40 años o más con términos envidiosos. Este discurso ambivalente refleja una forma de sexismo generacional donde las llamadas mujeres maduras son simultáneamente devaluadas y sobrevaloradas, nunca simplemente aceptadas por quienes son.
Contra el sexismo de viejas y el edadismo
La comediante, actriz, guionista y productora estadounidense denuncia lo que comúnmente se denomina "sexismo de las mujeres mayores": a partir de los cuarenta, las mujeres se enfrentan a una creciente discriminación y estigmatización. En Francia, la periodista Laure Adler, y en Estados Unidos, la actriz Jamie Lee Curtis, también han denunciado este sistema que margina a las mujeres al envejecer. Kathy Griffin rechaza esta lógica y reivindica un lugar legítimo en la esfera pública, sin tener que justificarse.
Una respuesta a la humillación corporal en las redes sociales
Su intervención forma parte de una lucha más amplia contra la humillación corporal. En internet, usuarios anónimos e influencers comentan sin cesar sobre la apariencia de las mujeres en el ojo público, ya sea su peso, su edad o su estilo. Kathy Griffin dirige esta violencia contra ellas: al aceptar plenamente su figura y su edad, nos recuerda que nadie tiene derecho a juzgar el cuerpo de otra persona.
El amor propio como acto de resistencia
A sus 65 años, Kathy Griffin ha convertido el amor propio en un arma política. Reivindicar el derecho a ser "bella" se convierte en una afirmación de soberanía: su cuerpo le pertenece, decide qué hace con él y cómo se presenta. Esta postura resuena con especial fuerza en una época en la que los cánones de belleza evolucionan lentamente y donde las llamadas mujeres maduras comienzan a afirmar su legitimidad frente a actitudes a menudo condescendientes.
El humor cáustico de Kathy Griffin enmascara así una profunda reflexión sobre la condición femenina. Al reírse de las etiquetas que se le imponen, las desmiente e impone su visión: una mujer libre y segura de sí misma que se niega a ser encasillada. Su lema podría resumirse en: sé tú misma, a cualquier edad, contra todo pronóstico sexista.
