A veces, en situaciones sociales, sentimos que nos mimetizamos con el entorno y somos invisibles. Nos sentimos microscópicos, inútiles e insignificantes. Nos decimos que nuestra presencia no es necesaria, que no aporta nada al grupo. Cuando estos pensamientos se apoderan de nosotros, dan vueltas sin cesar en nuestra cabeza como el estribillo inquietante de "Baby Shark". En sus redes sociales, la psicóloga Julie Smith ofrece una táctica para contrarrestar este efecto secundario de nuestra falta de confianza.
¿De dónde viene el sentimiento de ser invisible?
Es un sentimiento que nos hace dudar de todo nuestro ser. Cuando tenemos baja autoestima, a menudo lo enfrentamos. Hay días en que nos preguntamos qué hacemos en la Tierra, cuál es nuestra misión. Y no es una pregunta existencial, simplemente el reflejo de una confianza en sí mismos debilitada. Entonces empezamos a menospreciarnos, a autocríticarnos en silencio , a maldecirnos por ser tan "aburridos", un arte en el que destacamos. En resumen, nos sometemos a una verdadera prueba interna. Es muy simple: nos sentimos como un fantasma errante, una mera sombra, un extra. Como una gota de agua en un océano. Podríamos estar escondidos bajo una sábana o adornados con la capa de invisibilidad de Harry Potter, sería lo mismo.
Esta sensación abrumadora, que casi nos hace sentir culpables por estar donde estamos y nos abruma con adjetivos negativos, a veces surge sin previo aviso, tras una reunión en la que no nos atrevimos a hablar. Resurge en situaciones sociales, cuando nos empujan en el transporte público, nos colamos en la fila o nos interrumpen en las fiestas.
Como escribe el investigador Rodney Luster para Psychology Today : «Este sentimiento a veces surge cuando nos desconectamos psicológicamente de nuestra identidad, perdiendo el contacto con quienes somos y nuestra capacidad de actuar. Esta forma de autoinvisibilidad es existencial y sutil». En otras palabras, no solo desaparecemos a los ojos de los demás. También podemos desvanecernos internamente. La buena noticia es que este sentimiento no es inevitable. Y hay una regla muy simple, casi matemática, para poner las cosas en perspectiva.
La regla de las 52 cartas: un recordatorio vertiginoso
Estamos familiarizados con las afirmaciones positivas, las declaraciones de amor propio frente al espejo y la técnica de las notas adhesivas, pero la psicóloga Julie Smith tiene otro remedio para la confianza, y viene en una caja. Imagina una baraja clásica. 52 cartas. Nada podría ser más común. "Es una baraja normal. Contiene 52 cartas, eso es todo", dice la especialista. Y aun así.
Si barajas estas 52 cartas, es estadísticamente muy improbable que el orden resultante haya existido antes en la historia del universo. Jamás. Porque la cantidad de combinaciones posibles es astronómica: un número de 68 dígitos. Mayor que la cantidad de átomos en la Tierra. La idea no es distraerte y silenciar esa molesta voz interior improvisando una partida rápida de Batalla Naval. No, esta baraja de cartas es una "imagen". Es una forma ingeniosa de recordar que tenemos mil facetas.
Lo fascinante es que cada carta resulta perfectamente familiar. Un nueve de tréboles. Una reina de corazones. Nada extraordinario por separado, pero la disposición es inédita. Julie Smith resume esta idea con una frase que resuena con toda la razón: «Nunca habrá nadie como tú».
Ver esta publicación en Instagram
Una hermosa metáfora de la singularidad.
A menudo nos sentimos tentados a restarle importancia a lo que nos define. "No soy tan especial", "Otros lo hacen mejor", "No soy nada excepcional". Sin embargo, si 52 cartas bastan para crear infinitas combinaciones únicas, ¿qué pasa con un ser humano? No estás hecho de 52 elementos, sino de millones: recuerdos, heridas, risas, gustos musicales, aromas de la infancia, fracasos, sueños secretos, amistades cruciales, libros influyentes, decisiones valientes, errores que te marcaron la vida.
Individualmente, nada de esto es raro. Muchos han experimentado una ruptura. A muchos les encanta el café o detestan hablar en público. Pero ¿la combinación precisa de todo lo que te hace ser quien eres? Es radicalmente única. Sentirse invisible a menudo significa olvidar esta combinación singular. Significa creer que eres intercambiable. La regla de las 52 cartas nos recuerda lo contrario: lo ordinario puede producir lo único.
El objetivo no es llevar una baraja de cartas encima, sino recordar esta regla como un mantra reconfortante. Es un buen salvavidas cuando la autoestima flaquea.
