Ordenar no es solo una tarea: para muchas personas, es una forma eficaz de gestionar el estrés y recuperar la calma. En un ambiente que genera ansiedad, organizar el espacio proporciona una sensación de control y claridad mental. Un estudio reciente revela la estrecha relación entre la necesidad de ordenar y el bienestar psicológico, lo que explica esta práctica durante periodos de tensión emocional.
Ordenar: un reflejo para gestionar el estrés
Cuando el estrés aumenta, el cerebro busca acciones concretas para reducir la ansiedad. Ordenar, clasificar y organizar las cosas forman parte de este proceso, creando un ambiente más tranquilo. Según un estudio de 2025 de Homebox y Harris Interactive , el 68 % de los franceses cree que poner cada cosa en su lugar les ayuda a sentirse mejor mentalmente. Este simple acto regula las emociones, reduce la sensación de agobio y promueve la concentración.
Mecanismos psicológicos detrás del orden
Ordenar alivia la tensión mental porque proporciona una sensación tangible de control sobre el entorno, algo que a menudo se ve amenazado en momentos de estrés. Clasificar objetos y decidir qué conservar y qué desechar genera una sensación inmediata de logro, lo que aumenta la confianza en uno mismo. Este proceso también activa la corteza prefrontal, una región cerebral vinculada a la organización y el bienestar.
Los efectos sobre el bienestar y el estado de ánimo
Las personas que ordenan con regularidad afirman sentirse mejor después, con menos pensamientos negativos y mayor serenidad. Al eliminar el desorden visual, limitan la activación del sistema nervioso simpático, una fuente de tensión. El estudio de Homebox-Harris Interactive destaca que el 57 % de los franceses experimenta una marcada sensación de calma tras una sesión de orden, lo que refuerza el vínculo entre el orden exterior y la paz interior.
Ordenar cuando se está estresado no es solo un hábito doméstico; es un poderoso mecanismo psicológico para recuperar el equilibrio y la calma. Esta práctica alentadora sugiere que cuidar el entorno se convierte en una auténtica herramienta de gestión emocional accesible para todos, revelando que ordenar no es inútil, sino esencial en momentos de incertidumbre y ansiedad.
