Reaccionar impulsivamente, escribir tres líneas vengativas y enviarlas. El fexting, un término compuesto tomado del inglés, se refiere a estas discusiones entre parejas que ahora se resuelven mediante mensajes de texto. Una práctica que parece conveniente, pero que los terapeutas describen como particularmente arriesgada para las relaciones románticas.
Fexting, una palabra inglesa que se ha convertido en un fenómeno global.
El término "fexting" es una combinación de dos palabras inglesas: fighting (lucha) y texting (mensajes de texto). Simplemente se refiere a discutir mediante mensajes escritos, ya sean mensajes de texto tradicionales, conversaciones de WhatsApp o mensajes intercambiados en cualquier otra aplicación de mensajería. La palabra cobró relevancia tras una entrevista muy comentada con Jill Biden, ex primera dama de Estados Unidos, quien explicó a Harper's Bazaar que ella y su esposo, Joe Biden, solían practicar el "fexting" para evitar discutir delante de los agentes del Servicio Secreto. Esta anécdota presidencial contribuyó a popularizar una realidad compartida por millones de parejas comunes.
Una práctica que se asemeja engañosamente a una solución práctica.
A primera vista, los mensajes de texto ofrecen numerosas ventajas, al menos en apariencia. Para algunos terapeutas entrevistados sobre el tema, esta práctica ayuda a evitar las confrontaciones directas más intensas. "Mis pacientes dicen que los mensajes de texto les permiten mantener cierto nivel de conexión, a la vez que tienen espacio para expresarse libremente", explica Cindy Shu, terapeuta especializada en problemas matrimoniales y familiares. Los mensajes de texto también eliminan la presión de tener que resolver un conflicto de inmediato. Para la terapeuta matrimonial Lia Huynh, estos intercambios escritos pueden incluso resultar beneficiosos para las personas más introvertidas o aquellas que tienen dificultades para expresar sus emociones en voz alta. En teoría, el formato permite tomar distancia, reflexionar con calma antes de responder y evitar palabras de las que uno se arrepiente en el fragor del momento.
El principal inconveniente: la ausencia total de comunicación no verbal.
Pero tras estas aparentes ventajas, los expertos en relaciones advierten de un grave inconveniente. Según el trabajo del investigador de psicología Albert Mehrabian , citado desde hace tiempo como referencia, aproximadamente el 55 % de un mensaje emocional se transmite a través del lenguaje corporal, el 38 % a través del tono de voz y solo el 7 % a través de las palabras. Si bien estas cifras precisas requieren cierta matización, su mensaje general sigue estando ampliamente respaldado por la investigación: una parte significativa de lo que se comunica en una conversación es no verbal. Sin embargo, estas señales están completamente ausentes en los mensajes de texto. Es imposible ver el rostro de la pareja, su mirada, su sonrisa, sus lágrimas o sus brazos cruzados. También es imposible oír su voz. Todo lo que constituye la riqueza —y la seguridad— de una conversación entre una pareja desaparece tras la pantalla.
El riesgo de malinterpretar constantemente
Esta falta de señales no verbales abre la puerta a otro problema: los malentendidos recurrentes. «Los intercambios de mensajes de texto carecen de matices. Un simple punto puede interpretarse como frialdad o agresividad, aunque no sea la intención del remitente», observa la psicóloga especializada en relaciones Marie Durand . Una respuesta tardía puede interpretarse como desinterés, cuando la otra persona simplemente estaba en una reunión. La ausencia de un emoji puede parecer fría. Un tono neutro puede parecer brusco. Cada carácter se carga de una emoción desproporcionada. Sin la posibilidad de una aclaración instantánea, los malentendidos se acumulan y alimentan la discusión en lugar de resolverla.
Se está desarrollando una distancia emocional.
A largo plazo, las consecuencias de los mensajes de texto pueden ir mucho más allá de una simple discusión puntual. «Las discusiones por mensaje de texto pueden crear una distancia emocional duradera en una relación», observa la psicóloga Samantha Rodman. Varios efectos se acumulan con el tiempo. Los malentendidos repetidos erosionan gradualmente la confianza. La comunicación virtual reemplaza progresivamente las interacciones cara a cara, disminuyendo la intimidad. Los problemas sin resolver se acumulan porque no se han abordado en persona. Y la pareja termina perdiendo el hábito de una comunicación sana, olvidando la importancia de tomarse el tiempo para sentarse y hablar de verdad.
Una falsa impresión de control
Otro inconveniente de los mensajes de texto reside en la ilusión que crean. Mucha gente cree tener más control sobre una discusión por mensaje que cara a cara. Sin embargo, tras una pantalla, a menudo nos permitimos decir cosas que jamás diríamos en voz alta. La barrera protectora del teléfono actúa como un desinhibidor: más duro, más cortante, a veces más hiriente. Peor aún, el mensaje permanece. Mientras que las palabras dichas con enfado pueden desvanecerse con el tiempo, un mensaje de texto queda grabado en la pantalla de la otra persona, releído, meditado, a veces incluso capturado en una captura de pantalla. Una frase de la que uno se arrepiente por la mañana puede seguir atormentando a la pareja por la noche.
Cuando el formato en sí mismo se vuelve problemático
Más allá del contenido de los mensajes, a veces el mero hecho de usar este canal para abordar temas delicados resulta problemático. «Antes de iniciar una conversación delicada por mensaje de texto, pregúntese si este formato es realmente apropiado», recomienda el terapeuta matrimonial Paul Martin. Algunos temas requieren tiempo, presencia física y escucha atenta: una traición, una gran decepción, una decisión importante para la pareja. Abordarlos por mensaje de texto es como tratarlos con prisas, sin la calma y la serenidad necesarias. El riesgo es transformar una conversación real en una serie de breves intercambios, donde cada persona se aferra a su postura sin escuchar realmente a la otra.
Cómo limitar los daños
Para las parejas que se identifican con este patrón, existen varias estrategias para minimizar el daño. La primera consiste en identificar qué es absolutamente necesario hablar cara a cara y establecer una regla sencilla: no discutir seriamente por mensaje de texto. La segunda es aprender a retrasar la respuesta a un mensaje molesto. Esperar unas horas, o incluso hasta una reunión presencial, suele evitar que una situación ya delicada empeore. La tercera implica dedicar tiempo, después de una discusión tensa, para aclarar lo sucedido en los mensajes. Como resume la psicóloga Sue Johnson: «A veces, una perspectiva externa es necesaria para romper con patrones negativos y restablecer la conexión emocional». Consultar con un terapeuta de pareja puede marcar la diferencia.
Aunque parezca conveniente, el uso excesivo de mensajes de texto en realidad oculta una dinámica frágil que amenaza la salud de una relación. Al despojar a la comunicación de todo lo que la enriquece —la voz, el contacto visual, los gestos—, transforma el más mínimo error en una herida profunda. Esto no significa prohibir los mensajes de texto por completo durante una discusión, sino usarlos con criterio. Y recordar una verdad simple: las conversaciones reales, las que sanan y reconcilian, rara vez ocurren detrás de una pantalla.
