Marie-Françoise Forey, de 74 años, salió de su casa en Glos-sur-Risle (Eure) para dormir en su Twingo. La instalación de una antena de telefonía móvil cercana le está provocando síntomas graves que ella atribuye a una alergia a los campos electromagnéticos.
Una pesadilla que comenzó en octubre de 2025
Todo cambió cuando la antena temporal de Freneuse-sur-Risle se convirtió en permanente. Rápidamente, sufrió incesantes dolores de cabeza, hemorragias nasales y desmayos. A pesar de las medidas de protección instaladas en su casa (pintura antirradiación, cableado blindado), los síntomas persistieron y empeoraron. El 7 de noviembre de 2025, desesperada, metió un colchón en su coche, aparcado a 2 km de la antena. «Solo entro en casa un máximo de 15 a 30 minutos por higiene. Esta antena es increíblemente tóxica», declaró a L'Éveil Normand .
Hipersensibilidad electromagnética, poco reconocida
Diagnosticada con hipersensibilidad electromagnética (EHS), Marie-Françoise se une a las miles de personas convencidas de que las ondas electromagnéticas las enferman. Aunque científicamente controvertida, se dice que esta sensibilidad lleva al 4% de la población a modificar sus hogares o espacios habitables. En Francia, a veces se crean "zonas blancas" para estas personas. Sin embargo, reubicar una torre de telefonía móvil, una infraestructura estratégica, resulta prácticamente imposible a pesar de los recursos administrativos.
Vivir en un Twingo en invierno
A pesar del frío intenso (con vientos que alcanzan los -8 °C algunas noches), la jubilada se niega a mudarse con su hija: "Sería mi quinta mudanza, ya he tenido suficiente". Alterna noches en su coche con raras estancias en casa cuando sus síntomas remiten temporalmente. Su vehículo se convierte en su refugio de supervivencia: manta térmica, termo, radio a pilas. "En el coche, me siento viva de nuevo. Es mi libertad", dice, rechazando soluciones paliativas como una vivienda temporal.
Una batalla solitaria contra la modernidad
Marie-Françoise Forey encarna la difícil situación de quienes padecen hipersensibilidad electromagnética, atrapados entre el progreso tecnológico y el deterioro de la salud. Su elección —coche o casa— plantea interrogantes sobre nuestra dependencia de las omnipresentes ondas electromagnéticas y la falta de reconocimiento oficial de su sufrimiento.
Mientras los operadores despliegan el 5G, miles siguen huyendo, literalmente, de las ondas que consideran tóxicas. Una paradoja del siglo XXI: dormir en el coche a los 74 años para recuperar la salud.
