En Instagram, la creadora de contenido Camille (@camillelv) decidió visibilizar los mensajes privados violentos e hipersexualizados que recibe de hombres. Al compartir estas capturas de pantalla, destaca la parte tóxica de la vida en línea y la alarmante normalización de la misoginia digital.
Un diluvio de mensajes sexistas y sexualizados
Seguida por una gran comunidad, Camille (@camillelv) explica que recibe comentarios diarios que reducen su existencia a su cuerpo. Insultos, proposiciones sexuales crudas, preguntas indiscretas sobre su privacidad, fantasías violentas: su publicación recopila una colección de mensajes que van mucho más allá de un simple "mensaje". Al mostrarlos tal como son, junto con fotos inofensivas de ella misma, Camille revela la violencia estructural detrás de estas palabras, que, aisladas, podrían minimizarse como simples "lapsus".
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Una denuncia contra la cultura de la violación en línea
En el texto que acompaña a su publicación, Camille (@camillelv) nos recuerda que lo que está viviendo no es excepcional y afecta a un gran número de mujeres, sean o no creadoras de contenido. Describe una cultura de la violación alimentada por la fetichización, las amenazas, la sexualización constante de la más mínima parte de la piel o sonrisa, y la idea de que, para algunos hombres, simplemente aparecer en línea es suficiente para "autorizar" este comportamiento. Camille (@camillelv) también enfatiza un punto crucial: detrás de cada nombre de usuario, hay personas reales con las que nos topamos en el metro, en el trabajo o por la noche.
Un síntoma de un problema mucho mayor
Esta declaración se hace eco de los testimonios de otras streamers e influencers que llevan años denunciando vídeos sexualmente explícitos y amenazas constantes. Al visibilizar esta violencia, Camille (@camillelv) anima a la gente a tomarse en serio el acoso online, a considerarlo una extensión del sexismo sistémico y no simplemente un precio a pagar por la fama. Su publicación funciona como un acto político: rechaza el silencio, rechaza la vergüenza y responsabiliza a los agresores, no a las mujeres.
Al compartir estos mensajes, Camille no solo comparte una experiencia personal; abre una ventana a una realidad que muchos ignoran o minimizan. Su acción sirve como recordatorio de que el acoso en línea es un fenómeno estructurado y generalizado, que refleja las persistentes desigualdades y violencia en la sociedad. Más allá de la conmoción, llama a la reflexión colectiva: la necesidad de crear un entorno digital más seguro, exigir responsabilidades a quienes cometen este tipo de comportamiento y apoyar a quienes sufren este tipo de violencia a diario.
