Para las fiestas, puede que hayas planeado pasar unos días con tu familia. Disfrutar de deliciosas comidas caseras, hojear álbumes de fotos antiguos y ver "Mi pobre angelito" juntos para digerir el festín navideño... el plan suena idílico. Sin embargo, no cuentes demasiado con el espíritu navideño ni con los platos cuidadosamente preparados durante esta larga estancia en la casa de tu infancia. Los terapeutas han calculado la duración máxima que puedes tolerar estas reuniones.
Reuniones familiares: más agotadoras que relajantes
Al acercarse la Nochebuena, puede que regreses a tu antigua habitación de adolescente, todavía cubierta de pósters de bandas de chicos. En las películas, este regreso al hogar familiar siempre es maravilloso y reconfortante. La familia se pasa el tiempo construyendo pueblos de jengibre, decorando el árbol de Navidad, todo ello con horribles suéteres adornados. En la vida real, se parece más a "El Grinch" que a "La Navidad Encantada".
Como cada año, temes que la reunión se arruine o que resurjan viejos rencores entre bocados de bredele. No hace falta una opinión política inoportuna ni una pregunta ligeramente indiscreta sobre tu estado civil para desatar una guerra interna. En realidad, incluso cuando todo va bien en la familia, puedes sufrir una fuerte resaca social y hartarte de tu propio círculo. Tranquilo, no eres un desalmado ni una réplica del Grinch.
Los terapeutas, cuyas consultas se llenan cada Navidad, tienen una explicación más racional para esta efusión emocional. «Las reuniones familiares extensas requieren que los adultos regresen a sus antiguos roles familiares, manteniendo al mismo tiempo su identidad adulta actual», explica Erin Pash, terapeuta matrimonial y familiar colegiada, al HuffPost . Puede ser especialmente difícil encontrar tu lugar y cumplir con estas expectativas. Además, se pierde cierto grado de autonomía. Hay que seguir una serie de normas: cumplir con las obligaciones familiares, comer a horas específicas y participar en las actividades prescritas. En resumen, toda tu rutina se ve alterada y, después de cuatro días, ya estás deseando irte.
Estas señales revelan mucho sobre tu nivel de saturación.
Las reuniones familiares navideñas son particularmente agotadoras. Si los anuncios y las comedias te han convencido de que estas son las épocas más preciadas del año, tienes todo el derecho a sentirte abrumado, sobrecargado, irritado y exasperado. Aunque estés acostumbrado a reprimir tus emociones y a ir al baño, esa no es la mejor solución. En lugar de fingir alegría, aprende a reconocer tus límites.
¿Te irrita la más mínima cosa? ¿Te imaginas todos los escenarios posibles? ¿Estás agotado aunque tu único esfuerzo sea desdoblar la manta sobre tu regazo? ¿Tu ira es palpable, hasta el punto de que tu tío te sugiere tomar algo para "relajarte"? Seguramente es porque has llegado a tu límite, a ese silencioso "No puedo más".
“Presta atención a las señales físicas: dolores de cabeza tensionales, mandíbula apretada, alteraciones del sueño, problemas digestivos o esa sensación de necesitar ir al baño durante un buen rato para recuperar el aliento”, recomienda Pash. “Si empiezas a soñar con el sofá o a contar las horas para irte, significa que tu sistema nervioso te está enviando una señal de alarma”, continúa el especialista.
Lo que recomiendan los terapeutas para protegerte
Cuando las comidas familiares se vuelven demasiado pesadas, lo único que quieres es refugiarte en una cabaña sin wifi. En lugar de eso, vas a la mesa de los niños, te quedas en la cocina o te tomas un descanso en la puerta. Y, alerta de spoiler: es perfectamente natural. "Permítete establecer límites sin sentirte culpable. Necesitar distanciarte de tu familia no significa que no la quieras; simplemente significa que eres humano", insiste Pash.
Por supuesto, no se trata de convertir la comida en un ajuste de cuentas, de decir en voz alta lo que sientes por dentro ni de acortar la celebración con excusas endebles. Sin embargo, puedes implementar tácticas de distracción para prolongar el disfrute. "Crea un espacio psicológico para ti limitando tu disponibilidad para cada actividad: no tienes que estar presente en cada conversación que tenga lugar en la cocina", aconseja el experto. Encuentra tu zona de confort dentro de esta incomodidad.
Las reuniones familiares, una tradición de fin de año, pueden despertar a tu niño interior. Sin embargo, es más probable que perturben tu armonía interior. Para mantener el rumbo, sé honesto contigo mismo.

Super intéressant comme toujours