Nunca nos habíamos visto, y aun así sentimos que compartimos un pasado. Es como si fuéramos dos personas que hicieron travesuras en una vida anterior o en un universo paralelo. En la amistad o el amor, hay desconocidos que parecen casi más familiares que los miembros de nuestra propia familia. No, no es un fenómeno paranormal ni una señal de reencarnación; la psicología tiene una explicación más racional.
Un fenómeno inquietante explicado por la ciencia
Es como una sensación de déjà vu. Acabas de conocer a alguien y no sabes nada de él, pero parece tan cercano. Comparten los mismos intereses, las mismas pasiones, y se ríen de los mismos chistes, por muy infantiles que sean. Es muy simple: están en sintonía en todo y sienten una conexión que ni siquiera el Bluetooth podría replicar. La química surge espontáneamente, mientras que con otros tarda años en desarrollarse. Tanto es así que empiezas a creer en el concepto de las llamas gemelas y los alter egos.
En tan solo unos minutos de conversación, nos volvemos casi tan cercanos como los mejores amigos de la infancia. Nos descubrimos confiando el uno en el otro, aunque normalmente somos bastante reservados, y nos quitamos las máscaras sociales sin dudarlo. Sentirnos tan a gusto con alguien a quien solo conocemos desde hace diez minutos es particularmente inquietante. Incluso nos preguntamos si es un espejismo, parece tan irreal.
Esta cercanía mental, fascinante y desconcertante a la vez, ha sido objeto de un estudio. Investigadores del Dartmouth College han acuñado un término para esta experiencia casi divina: «sincronización neuronal». En teoría, suena a un concepto al estilo de Black Mirror, pero en realidad tiene todo el sentido. «Estos hallazgos demuestran que nuestros cerebros sintonizan literalmente con la misma frecuencia que los de las personas cercanas», según informa Psychology Today . Basta con que estas personas hayan compartido experiencias similares para acercarnos un poco más.
La reactividad emocional de la persona con la que estás hablando también juega un papel.
Esta curiosa sensación que nos trasciende y nos conmueve profundamente también depende de la empatía y la inteligencia emocional de la persona con la que hablamos. No, no es una casualidad, sino el resultado de una escucha activa y una gran sensibilidad emocional. La otra persona responde de inmediato, como si supiera exactamente lo que queríamos oír. Casi parece tener poderes telequinéticos.
“Cuando una persona responde en menos de 250 milisegundos, envía una señal de conexión percibida como natural y auténtica, reforzando la impresión de estar en la misma longitud de onda que la otra persona”, explica la psicóloga Claire Petin a Doctissimo .
Y en un mundo egocéntrico, estas interacciones fluidas e intermitentes son tan escasas que solo parecen justificables por fuerzas místicas. Esta sensación de conocerse para siempre no existiría en una persona egocéntrica, que solo habla de "yo" y convierte cada diálogo en un monólogo.
No debe subestimarse el papel de la intuición
A menudo hablamos de intuición en estos encuentros significativos. En realidad, la intuición es una forma de análisis ultrarrápido que realiza nuestro cerebro basándose en miles de microseñales: expresiones faciales , postura, tono de voz, ritmo del habla. No reflexionamos conscientemente, pero nuestro cerebro lo recopila todo. Cuando determina que "encaja", nos envía una sensación general de que todo está bien. De ahí ese famoso "No sé por qué, pero me siento bien con esta persona".
Esta sensación de conocerse desde siempre y haber compartido innumerables aventuras es, de hecho, una experiencia humana única y especial. No todos los días se conoce a personas con las que uno se siente completamente a gusto desde el primer momento. Sigue siendo un caso excepcionalmente raro de conexión genuina. Sin embargo, la espontaneidad es clave para conectar de verdad con alguien que comparte tu misma onda.
En definitiva, esta sensación de conocernos desde siempre y tener un espejo frente a nosotros no es solo una ilusión. Dicen que todos tenemos entre uno y siete dobles físicos en el mundo, pero también tenemos innumerables clones espirituales. Así que, cuando nos topamos con esa persona con la que estamos en perfecta armonía, nos aseguramos de mantenerla cerca. Tanto como para repetir la escena de Barbie como la Princesa y la Princesa sin parar.
