Con cada llegada del verano, la situación se repite. Tanto en TikTok como en Instagram, cada vez más mujeres jóvenes denuncian un aumento significativo del acoso callejero que sufren en cuanto suben las temperaturas. Este fenómeno dista mucho de ser anecdótico, y sus consecuencias psicológicas son muy reales.
"Hace sol, es temporada de camisetas sin mangas": la publicación que resume el sentimiento general.
Uno de estos vídeos tuvo una acogida especialmente fuerte. «Hace sol, es temporada de camisetas de tirantes, los hombres les gritan a las mujeres desde sus coches y bicicletas. Creo que ha llegado el verano», escribió el autor de la publicación, provocando de inmediato una oleada de respuestas unánimes: sí, en cuanto vuelve el buen tiempo, se multiplican los silbidos, los claxones, los comentarios indeseados y las miradas insistentes. En las secciones de comentarios de numerosos vídeos de TikTok sobre el tema, abundan los testimonios. Algunos hablan de las aceras que ahora evitan, otros explican que sacan su «ropa de invierno» a mediados de junio, o que renuncian a usar vestidos por encima de la rodilla durante todo el verano. Lejos de la fantasía del regreso del «calor», las primeras olas de calor suponen, para muchos, un regreso a la vigilancia.
Una correlación documentada desde hace mucho tiempo por los investigadores.
En realidad, este fenómeno no es nuevo. Varias publicaciones feministas ya lo han documentado en los últimos años. La revista británica Stylist señaló ya en 2019 que «existe una correlación positiva directa entre la cantidad de piel visible y el número de hombres que creen tener derecho a opinar sobre ella». Esta realidad ha sido confirmada por numerosas asociaciones, así como por los testimonios de camareras, estudiantes, enfermeras y transeúntes comunes, quienes observan lo mismo: su vida cotidiana cambia con el clima.
Las razones aducidas son numerosas. Más gente en las calles, terrazas abarrotadas, transeúntes relajados por el alcohol al anochecer y, sobre todo, la persistencia de la idea de que la ropa clara equivale a una aprobación tácita de los comentarios. Una interpretación profundamente anticuada y, legalmente, completamente infundada.
En Francia, los insultos sexistas se reconocen desde 2018.
En el plano legislativo, Francia reconoció esta realidad con la Ley Schiappa del 3 de agosto de 2018, que tipificó como delito el "insulto sexista". Esta ley permite a las fuerzas del orden imponer multas, de forma inmediata y sin denuncia previa, a quienes cometan acoso callejero: silbidos, comentarios inapropiados, solicitud insistente de favores sexuales, etc. La multa puede ascender hasta los 750 euros, y desde su entrada en vigor se han emitido miles de multas cada año. Sin embargo, en la práctica, la gran mayoría de los incidentes siguen sin denunciarse. El miedo, el cansancio, la ausencia de testigos o simplemente la sensación de que "no servirá de nada" explican este silencio casi sistemático. Es precisamente contra este silencio que los vídeos virales intentan, a su manera, combatirlo.
Una responsabilidad que nunca se encuentra en la ropa.
Finalmente, es importante reiterar una verdad que los científicos sociales han enfatizado durante décadas: la responsabilidad del acoso callejero nunca recae en la víctima, ni en su vestimenta. Ya sea que una mujer lleve una camiseta sin mangas, pantalones deportivos, un abrigo de invierno o una falda larga, el acosador es el único responsable de su comportamiento. Intentar explicar el fenómeno únicamente por la ropa de verano equivaldría a culpar a las mujeres por su propia agresión.
A medida que una nueva oleada de testimonios inunda las redes sociales, estos relatos subrayan la urgente necesidad de concienciación colectiva. El acoso callejero no es inevitable; es una forma de violencia diaria e ilegal, profundamente arraigada en una cultura que aún necesita ser desmantelada por completo. Y esto es cierto independientemente de las condiciones climáticas.
