¿Hacia un mundo sin color? Esta desconcertante teoría cobra cada vez más fuerza.

Al mirar a nuestro alrededor, una sutil impresión se apodera de nosotros: los colores parecen desvanecerse. De las calles a los armarios, de las salas de estar a las pantallas, prevalece una única suavidad visual. Tras esta estética apagada se esconde una profunda tendencia que revela nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos.

La era del greige: cuando la neutralidad reina suprema

Desde hace varios años, una paleta muy específica ha permeado todos los campos creativos. Grises delicados, beiges polvorientos, blancos rotos y tonos arena conforman lo que ahora se conoce como la "era del greige", una mezcla de gris y beige. Esta estética minimalista se está abriendo camino en la moda, la arquitectura, el diseño de interiores y las identidades visuales de las grandes marcas. Estos colores tienen algo en común: son agradables a la vista. Envuelven el cuerpo, suavizan los espacios y crean una reconfortante sensación de continuidad.

Una respuesta emocional a un mundo bajo tensión

La popularidad de estos colores no es casual. Muchos expertos la ven como una reacción colectiva a una época marcada por la incertidumbre. Tras sucesivas crisis —sanitarias, climáticas y sociales—, la necesidad de seguridad se refleja incluso en nuestras elecciones estéticas.

Los tonos neutros ofrecen un refugio visual. Calman la mente, reducen la sobrecarga sensorial y brindan una sensación de estabilidad. Elegir beige o gris claro no implica renunciar a la autoexpresión, sino, a veces, buscar sentirse bien, alineado y arraigado en un entorno apacible que respeta el ritmo de cada uno.

Cuando la precaución estética se convierte en la norma

Sin embargo, esta generalización de la neutralidad plantea interrogantes. Al favorecer los llamados colores "seguros", ¿no corremos el riesgo de eliminar la diversidad visual? Donde antes el color podía expresar alegría, audacia o emoción, a veces se percibe como "demasiado atractivo", "demasiado asertivo", casi "perturbador".

Esta "precaución estética" puede dar lugar a ambientes insulsos donde todo parece igual. Si bien el greige promueve la comodidad y la armonía, su omnipresencia también puede limitar el espacio para la creatividad y la expresión personal. El color, después de todo, ha sido desde hace mucho tiempo un lenguaje en sí mismo, capaz de contar historias y celebrar las diferencias.

Redes sociales: el bucle de la neutralidad

Las plataformas visuales desempeñan un papel fundamental en esta estandarización. En Instagram y Pinterest, predominan los interiores con paredes color crema, looks monocromáticos y puestas en escena minimalistas. Cuanto más circulan estas imágenes, más atractivas se vuelven.

Este fenómeno crea un ciclo de validación: lo que se ve en todas partes se percibe como elegante, moderno y deseable. Las alternativas más coloridas y menos comunes de repente parecen marginales. Así, la neutralidad se impone no solo por gusto, sino también por mimetismo colectivo.

Pantone 2026: Cloud Dancer, el casi no color

El anuncio de Pantone para 2026 ilustra a la perfección esta dinámica. Cloud Dancer, un blanco roto extremadamente pálido, ha sido designado como el color del año 2026. Un tono tan sutil que roza la ausencia, como un soplo visual.

Esta elección simboliza una era saturada de información e imágenes, donde la calma se ha convertido en un lujo. Para algunos, este blanco suave invita a la respiración y a la serenidad. Para otros, encarna una forma de excesiva moderación, o incluso un abandono de la alegría cromática.

¿Desaparición del color o simplemente una pausa visual?

Hablar de un mundo completamente desprovisto de color sería una exageración. Afortunadamente, persisten vibrantes corrientes creativas en la moda, el arte y las culturas alternativas. Sin embargo, el auge del grisáceo y los tonos desaturados revela un cambio en el estado de ánimo colectivo.

En resumen, nuestra época parece favorecer la comodidad, la uniformidad y el respeto por los cuerpos tal como son, sin artificios descarados. Quizás el color regrese cuando resurja el deseo de individualidad y expresión alegre.

Clelia Campardon
Clelia Campardon
Después de graduarme en Sciences Po, tengo una verdadera pasión por los temas culturales y las cuestiones sociales.

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