Si no usas ninguna joya, es posible que seas una de esas personas.

Hay personas que no pueden salir de casa sin su joya favorita, y otras que prefieren no llevarla. Quizás no estés familiarizada con la sensación de un collar en la piel y tus dedos siempre estén al descubierto. Y aunque la moda considere las joyas el toque final de un atuendo, tienes derecho a prescindir de ellas. Más allá de reflejar un estilo minimalista, esta elección estética revela más de ti de lo que crees.

Una relación particular con el cuerpo y la imagen

Algunas personas se sienten casi desnudas sin joyas, mientras que otras se sienten incómodas con el simple roce de una cadena de oro o una pulsera de nacimiento. A menudo se les acusa de banalidad o de un paso en falso de la moda. Sin embargo, este deseo de simplicidad es mucho más evocador.

Las personas que no usan joyas suelen tener una relación muy funcional con su cuerpo. Priorizan la comodidad, la libertad de movimiento y la sensación de ligereza. Las joyas, percibidas como un añadido externo, pueden hacerles sentir que están haciendo "demasiado" o desviando la atención de su verdadera identidad.

Esta elegancia discreta no es sinónimo de falta de estilo. Más bien, refleja una estética interior centrada en lo esencial. Estas personas generalmente se sienten cómodas sin artificios, convencidas de que su presencia basta sin necesidad de ser enfatizada.

Una personalidad centrada en la autenticidad

Desde una perspectiva psicológica, evitar las joyas puede reflejar una fuerte necesidad de autenticidad. Los accesorios simbólicos —anillos de boda, collares heredados de un antepasado, anillos de amistad— pueden percibirse como etiquetas. Sin embargo, algunas personas prefieren no mostrar signos externos, ya sean emocionales, sociales o relacionados con la identidad.

Esta negación discreta puede ser una forma de decir: «Soy lo que soy, sin adornos». Estos perfiles suelen tener una comunicación directa, cierta reserva emocional y una preferencia por las relaciones sencillas, sin códigos superfluos.

Una necesidad de control y dominio

Las joyas, por su propia naturaleza, imponen una presencia constante en el cuerpo. Pueden engancharse, hacer ruido, romperse o perderse. Para las personas sensibles al control y al dominio de su entorno, esto puede convertirse en una fuente de incomodidad.

No usar joyas ayuda a reducir las distracciones y a mantener una sensación de neutralidad y estabilidad. Estas personas suelen apreciar las rutinas claras, las opciones minimalistas y cierta continuidad en su apariencia. Menos posesiones implican menos restricciones mentales.

Una hipersensibilidad que a menudo se pasa por alto

Para algunas personas, la ausencia de joyas es principalmente un problema sensorial. A las personas hipersensibles les puede molestar el peso de un collar , la fricción de un anillo o la presión de una pulsera. Lo que a otros les parece insignificante puede volverse intrusivo a medida que avanza el día.

Por lo tanto, este rechazo no es estético, sino fisiológico. Estas personas suelen tener una profunda conciencia corporal y saben instintivamente qué les conviene y qué no. El autocuidado implica, entonces, aligerar la carga, no acumularla.

Un distanciamiento deliberado de las normas sociales

Las joyas también son un indicador social: estatus, feminidad, compromiso romántico, éxito. No usarlas puede ser una forma inconsciente de romper con estos códigos. Algunas personas se niegan a definirse por símbolos visibles y prefieren dejar que su personalidad hable por sí misma. Esta elección puede revelar un espíritu independiente, o incluso una leve resistencia a las expectativas sociales. Estas personas suelen tener una identidad fuerte que no depende demasiado de las opiniones de los demás.

Para algunos, las joyas son un activo estético, mientras que para otros son una molestia visual. Si no usas joyas y, por lo tanto, desafías el lema de Cristina Cordula, significa que te sientes completo sin accesorios.

Émilie Laurent
Émilie Laurent
Como experta en palabras, manejo recursos estilísticos y perfecciono el arte de los remates feministas a diario. En mis artículos, mi estilo ligeramente romántico te ofrece sorpresas realmente cautivadoras. Disfruto desentrañando temas complejos, como un Sherlock Holmes moderno. Minorías de género, igualdad, diversidad corporal… Periodista al límite, me sumerjo de lleno en temas que generan debate. Adicta al trabajo, mi teclado a menudo se pone a prueba.

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