¿Qué pasaría si el cerebro de las generaciones más jóvenes funcionara de forma diferente al de sus mayores? Investigaciones recientes en neurociencia y educación sugieren una tendencia sorprendente: ciertos indicadores cognitivos parecen estar decayendo en la Generación Z. Este desarrollo plantea interrogantes, pero no condena a una generación creativa, conectada e ingeniosa.
Un punto de inflexión revolucionario en la evolución del rendimiento cognitivo
Durante casi un siglo, los puntajes de CI y ciertas capacidades cognitivas medidas mediante pruebas estandarizadas tendieron a mejorar de una generación a otra. Sin embargo, los investigadores observan ahora una posible desaceleración, o incluso un ligero declive, en las personas nacidas entre finales de la década de 1990 y principios de la de 2010.
¿Las áreas afectadas? Atención sostenida, memoria de trabajo, comprensión lectora, resolución de problemas y ciertas puntuaciones generales de CI. Cabe destacar que este cambio se produce incluso con el aumento del tiempo dedicado a la escuela. Esto sugiere que no se trata de falta de esfuerzo ni motivación, sino de un cambio profundo en el entorno cognitivo.
Un cerebro moldeado por la tecnología digital
La Generación Z es la primera que creció con un smartphone en el bolsillo, notificaciones constantes y acceso inmediato a la información. Este contexto está transformando la forma en que se usa el cerebro.
El desplazamiento constante de contenido, los videos cortos y la rápida sucesión de estímulos fomentan lo que algunos especialistas denominan "atención parcial continua". La concentración es constante, pero nunca completa. Siempre listo para cambiar a otra tarea, otra alerta, otra información. Según varios estudios , esta fragmentación de la atención podría afectar la memoria de trabajo y el rendimiento en tareas complejas que requieren reflexión profunda y concentración sostenida.
Formatos cortos: una nueva relación con la lectura y el aprendizaje
Las redes sociales y las plataformas de video favorecen el contenido breve, dinámico y visual. Este formato no es problemático en sí mismo, pero sí altera los hábitos cognitivos. Cuando la lectura profunda da paso a un flujo continuo de imágenes y textos breves, ciertos mecanismos relacionados con la comprensión y la memorización complejas pueden verse menos involucrados.
Investigaciones realizadas principalmente en Estados Unidos muestran una correlación entre el uso intensivo de las redes sociales y puntuaciones cognitivas más bajas en adolescentes, incluso con un uso diario relativamente moderado. Sin embargo, cabe destacar que la correlación no implica causalidad. Los investigadores se mantienen cautelosos.
La escuela en la era de las pantallas: encontrar el equilibrio
Las herramientas digitales se han vuelto omnipresentes en las aulas. Tabletas, computadoras, plataformas interactivas: ofrecen oportunidades educativas sin precedentes. Sin embargo, algunos expertos creen que su uso sistemático y mal supervisado podría obstaculizar un aprendizaje profundo.
Las pantallas, por su naturaleza interactiva y a veces distractora, pueden desviar la atención de la interacción humana, el diálogo, la lectura continua y el análisis crítico. Sin embargo, estas prácticas se reconocen como esenciales para el desarrollo del razonamiento y el pensamiento estructurado. El reto no es prohibir la tecnología, sino integrarla con criterio.
Un debate científico que aún está abierto
Es fundamental matizar la información. No todos los investigadores coinciden en la interpretación de estos datos. Las pruebas de CI tradicionales miden ciertas formas de inteligencia, pero ¿capturan realmente las habilidades que se valoran hoy en día?
La Generación Z demuestra una notable capacidad de adaptación, un dominio tecnológico excepcional, un rápido procesamiento de la información y una innegable creatividad digital. Estas habilidades, tan reales, no siempre se reflejan plenamente en las herramientas de medición tradicionales. Otros factores sociales, económicos y educativos también influyen. El tema es complejo y requiere un análisis minucioso.
Ante estas observaciones, varios especialistas recomiendan un uso más consciente de la tecnología: fomentar la lectura prolongada, estructurar periodos de estudio sin distracciones, limitar la multitarea innecesaria y fomentar la interacción humana directa. La Generación Z no es menos brillante; simplemente evoluciona en un entorno radicalmente diferente. El reto, por tanto, no es criticar, sino apoyar. Porque todo cerebro, independientemente de su edad, posee una notable capacidad de adaptación, siempre que se le den las condiciones adecuadas para prosperar.
