Los jóvenes parecen estar cada vez más expuestos a ideas antifeministas, un fenómeno que preocupa a investigadores e instituciones. La retórica masculinista, ampliamente difundida en redes sociales, influye en sus perspectivas sobre las relaciones de género y, en ocasiones, altera el ambiente escolar y familiar.
Un preocupante aumento del sexismo entre los hombres jóvenes
En enero de 2026, el Consejo Superior para la Igualdad de Género (CSE) publicó su informe anual sobre la situación del sexismo en Francia. Las cifras son impactantes: el 23 % de los hombres de entre 15 y 24 años y el 31 % de los de entre 25 y 34 años creen que ser hombre supone actualmente una desventaja. Esta percepción contrasta marcadamente con la de las mujeres jóvenes y pone de manifiesto una creciente brecha de género en materia de igualdad.
Francis Dupuis-Déri, politólogo francocanadiense y autor de "La crisis de la masculinidad: Autopsia de un mito tenaz", confirma esta tendencia . En una entrevista con Le Monde, afirma que "los chicos son más misóginos que hace unos años" y que a menudo son sus madres y hermanas quienes sufren las primeras consecuencias. Según él, la difusión de la retórica masculinista contribuye significativamente a esta tendencia.
Masculinismo, una ideología online
El masculinismo presenta a los hombres como víctimas del progreso feminista y la lucha por la igualdad. En ciertas plataformas de video y redes sociales, esta retórica atrae a adolescentes que buscan señas de identidad, a veces incluso dentro de familias progresistas. Esta ideología promueve la llamada "crisis de la masculinidad" y acusa al feminismo de perjudicar a los hombres, ya sea en la escuela, el trabajo o el sistema legal. Estos mensajes suelen estar diseñados para provocar una sensación de injusticia o pérdida de estatus, reforzando la polarización entre niñas y niños.
Impacto en la escuela y en las familias
La influencia de estos discursos se siente en las escuelas. Según una encuesta citada por Francis Dupuis-Déri, muchos docentes observan un aumento de comentarios sexistas o antifeministas en el aula. Algunos adolescentes desafían abiertamente las clases sobre igualdad de género, llegando incluso a afirmar que «es normal que las mujeres tengan menos derechos» o que las feministas «dominan».
Dentro de las familias, este aumento del antifeminismo también genera tensiones, colocando a madres y hermanas en primera línea de estas actitudes. Estos conflictos revelan el impacto que las ideas difundidas en línea pueden tener en la vida cotidiana y las relaciones interpersonales.
Una polarización generacional
Paradójicamente, Francis Dupuis-Déri señala que «las jóvenes reaccionan a este auge del discurso masculinista identificándose como feministas a una edad más temprana, a veces incluso en la secundaria». Este fenómeno acentúa la polarización de género y transforma la relación con el sexismo en un auténtico problema social y educativo.
Esta doble dinámica —el masculinismo entre algunos adolescentes y la afirmación feminista entre las jóvenes— demuestra que el debate sobre la igualdad no es estático ni marginal. Es un fenómeno estructurado, alimentado por las redes sociales y los debates sociales contemporáneos.
La importancia de la educación y el diálogo
Ante esta situación, los expertos enfatizan la necesidad de una educación en alfabetización mediática, un diálogo abierto en las familias y una sólida formación sobre igualdad de género. Comprender los mecanismos que subyacen a estos discursos nos permite apoyar a los jóvenes en el desarrollo de sus propios valores y prevenir la propagación de estereotipos sexistas.
La temprana aparición de adolescentes feministas también demuestra que la movilización puede ser positiva. Al combinar la sensibilización, la educación y la escucha, es posible reducir la polarización y fomentar relaciones respetuosas entre niños y niñas.
En definitiva, el auge de la retórica masculinista entre los adolescentes no es simplemente una "provocación generacional". Revela problemas más profundos relacionados con la identidad, las redes sociales y la percepción de la igualdad. Por lo tanto, esta observación exige situar la educación para la igualdad en el centro de las políticas escolares y familiares. Más allá de las estadísticas y las controversias, lo que está en juego es la calidad de las interacciones entre niñas y niños. Cultivando el diálogo, la comprensión y el pensamiento crítico, es posible transformar un fenómeno preocupante en una oportunidad de aprendizaje y progreso social.
