El rubor es una de las técnicas de maquillaje más sencillas… pero a la vez más efectivas. A cualquier edad, puede iluminar la tez, suavizar los rasgos y aportar ese brillo saludable que marca la diferencia. Después de los 60, cuando la piel cambia, un ligero ajuste en su aplicación puede realzar el rostro, aunque nunca debería ser una regla inflexible.
El rubor, un aliado luminoso en cada etapa de la vida
Ya tengas 30, 45, 60 años o más, el rubor sigue siendo imprescindible para iluminar tu tez y devolverle la frescura a tu rostro. A medida que envejecemos, nuestra piel cambia de forma natural: puede perder densidad, volumen y luminosidad. Pero esto no significa en absoluto que tengas que maquillarte solo de una forma después de cierta edad. En belleza no hay reglas, solo opciones. El maquillaje es un campo de juego, no un manual de instrucciones.
El rubor, en particular, puede ser una herramienta maravillosa para remodelar los contornos faciales, resaltar zonas clave y aportar suavidad. Aplicado correctamente, crea una impresión inmediata de vitalidad. Si se aplica incorrectamente, o simplemente sin intención, a veces puede opacar los rasgos. Pero, de nuevo, todo depende del efecto que se busque, no de la edad.
El detalle que lo cambia todo: colocar el rubor en el centro del rostro
En los últimos años, la tendencia ha popularizado la aplicación del rubor en la parte alta de las sienes, llegando incluso a la línea del cabello. Este efecto lifting puede ser espectacular, pero no es universalmente favorecedor ni necesario. Una alternativa igual de favorecedora es volver a una aplicación más centrada, centrándose en la parte más redonda y voluminosa del pómulo, y luego difuminando ligeramente hacia arriba.
Esta colocación más suave permite:
- para recrear volumen allí donde el rostro puede volverse naturalmente más delgado con el tiempo;
- para capturar la luz en el centro del rostro, para un brillo más natural;
- para evitar que el efecto quede demasiado “tirado” o demasiado esculpido si no es eso lo que estás buscando.
Esta no es una regla, sino una opción entre otras, que puede aportar una frescura lúdica, luminosa y elegante.
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Texturas y colores que realzan la piel
A medida que la piel cambia, ciertas texturas pueden volverse especialmente agradables de usar. Los rubores en crema o líquidos, por ejemplo, suelen integrarse con mayor naturalidad en la piel, sin acumularse en las líneas de expresión, a la vez que proporcionan un acabado luminoso y vibrante. Pero, de nuevo, si te encantan los rubores en polvo, no hay necesidad de cambiar.
En cuanto al color, los tonos rosa suave, melocotón o coral suelen ser muy favorecedores, ya que reproducen el color natural de la piel cuando está bien oxigenada. Los acabados satinados o ligeramente húmedos aportan una luminosidad sutil sin que la tez parezca pastosa. Lo ideal es aplicarlo con suaves toques con los dedos o una brocha suave para difuminar el producto y suavizar los bordes.
Sin reglas, solo deseos
La clave es simple: no hay reglas de belleza basadas en la edad. No tienes que cambiar tu forma de aplicar el rubor solo por tener 60, 50 o más. Puedes seguir aplicándolo como a los 30, cambiar completamente de estilo o alternarlo a tu gusto. El maquillaje no está hecho para corregir, sino para expresar.
Si te gusta un rubor intenso y esculpido, quédate con él. Si prefieres un velo suave en el centro de las mejillas, adelante. Si a veces prefieres no usar nada, es igual de perfecto.
En resumen, este pequeño detalle de colocación puede marcar la diferencia... pero la verdadera diferencia es tu libertad. Tu rostro es vivo, expresivo y hermoso a cualquier edad. El rubor es solo una herramienta entre muchas para celebrar esta belleza, nunca para limitarla.
