En las bulliciosas calles de Adís Abeba, un grupo de jóvenes transforma el hormigón en un espacio de empoderamiento. Sobre sus patinetas, forjan un nuevo camino, desafiando las normas de género en un país donde el espacio público sigue estando mayoritariamente dominado por los hombres. Addis Girls Skate es más que un colectivo: es un manifiesto móvil, un gesto desafiante contra las tradiciones que restringen la libertad de las mujeres.
El skate, un soplo de aire fresco sobre el asfalto etíope
El skateboarding llegó oficialmente a Etiopía en 2016 con la construcción del primer skatepark de la capital. Anteriormente una actividad de nicho, a menudo percibida como un pasatiempo reservado para expatriados, este deporte rápidamente ganó popularidad entre los chicos. Sin embargo, las chicas tuvieron que luchar para hacerse un hueco.
"¡Idiota, estás deshonrando a tu familia!", se escuchaba en las calles, dirigido a Edomawit Ashebir y sus amigas . Estas críticas nunca debilitaron su determinación. Para ellas, deslizarse sobre el asfalto es mucho más que un deporte: es una forma de reivindicar su derecho a existir en los espacios públicos, de reclamar la ciudad. Cada truco, cada salto, se convierte en un acto de resistencia contra el patriarcado y las restricciones sociales.
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Un momento de libertad cada sábado
Todos los sábados por la mañana, el skatepark está reservado exclusivamente para ellos. Durante unas horas, escapan de las limitaciones familiares y sociales, con la tabla bajo los pies, vestidos a veces con los tradicionales habesha kemis blancos, a veces con cómodos pantalones anchos y zapatillas deportivas.
Makdelina Desta , cofundadora del colectivo Addis Girls Skate, resume esta sensación única: «Sobre la tabla, soy yo misma, sin roles impuestos». Para Lydia, otra patinadora, «el sonido de las ruedas me despeja la mente. Ya no oigo las críticas ni las miradas de reojo». Ya sea intentando un ollie o deslizándose por una rampa en el mercado de Merkato, estas jóvenes reinventan su día a día, giro tras giro, con audacia y confianza en sí mismas.
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Hermandad y apoyo en un mundo crítico
Aunque las miradas de desaprobación siguen siendo comunes, las skaters encuentran un espacio seguro en el skatepark. Tsion recuerda que un transeúnte la llamó "diabla" mientras esperaba que se cayera. Sin embargo, la comunidad es muy diferente tras las rampas: chicos y chicas comparten consejos y patinetas, forjando una solidaridad que trasciende los prejuicios. En un país donde muchas mujeres desaparecen de la vida pública tras el matrimonio, estas interacciones crean una auténtica red de ánimo e inspiración.
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Burtekan, un icono para todas las generaciones
Burtekan, apodada "Mamy", es una madre soltera de 43 años y una figura icónica del movimiento. A pesar de ser objeto de burlas por su edad, sigue acompañando a las adolescentes: "No estoy muerta. Aún tengo cosas por las que vivir". Su presencia demuestra que ninguna etapa de la vida debería obligarnos a aislarnos o a borrarnos. Para las generaciones más jóvenes, representa la posibilidad de recuperar el control de sus vidas, independientemente de las limitaciones sociales.
Destruir el patriarcado: una perspectiva internacional
La fotógrafa suiza Chantal Pinzi documentó a estas patinadoras en su proyecto "Destruyendo el Patriarcado", que reúne a chicas de países tan diversos como Marruecos, India y Etiopía. Según ella, el skate enseña resiliencia: caer, levantarse y volver a empezar. En Hawassa, apoya a Shurrube, la única patinadora de su pueblo, trayendo sus patinetas recicladas desde Berlín. Estos gestos demuestran que la valentía y la determinación de las chicas trascienden fronteras y culturas.
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Lecciones de vida sobre ruedas
El skate no es solo un deporte; es una escuela de vida. Gracias a Ethiopian Girl Skaters, fundada por Sosina Challa, los jóvenes reciben apoyo académico y emocional. Edomawit lo explica sencillamente: «Dejé de escuchar a quienes dicen que no es para nosotras. Ahora patino».
Cada truco de estas jóvenes etíopes rompe barreras, derriba estereotipos. Su cabello suelto, su mirada directa, sus maniobras fluidas encarnan a una generación que rechaza las restricciones. En Adís Abeba, el sonido de las ruedas sobre el hormigón ya no es solo ruido urbano: es el himno de la libertad recién descubierta y un destino reinventado. Estas patinadoras demuestran que atreverse a ser una misma, incluso en un contexto conservador, puede transformar la ciudad, y quizás el mundo, tabla a tabla.
