¿Por qué algunas personas tienen múltiples pasiones sin llegar a amarlas de verdad?

Participas en diversas actividades extracurriculares, desde clases de cerámica hasta paseos por los pasillos de un estadio, sin sentirte nunca integrado. Durante la infancia, las pasiones son pasatiempos alegres y despreocupados, pero en la edad adulta, estas aficiones se convierten en una búsqueda incesante de la perfección, un peligroso juego de rendimiento. En lugar de esforzarse por alcanzar la excelencia en cada afición, los psicólogos recomiendan un enfoque diferente y más sensato.

La duración promedio de un pasatiempo entre los adultos

Durante la infancia, las aficiones surgen casi espontáneamente: alrededor de una hoja de papel en blanco, un micrófono con un sonido caótico o un bordillo transformado en la viga de un funambulista. No nos preguntamos si lo hacemos mejor que el vecino o si nuestros movimientos son dignos de Instagram. Vivimos el momento y solo pensamos en nuestra propia felicidad. En la edad adulta, una vez que dejamos atrás esa etapa despreocupada, las cosas ya no son iguales. Sucumbimos a la tentación de las actividades de moda, promocionadas en revistas o con hashtags virales.

La gente empieza a practicar pádel para impresionar a sus compañeros, o prueba el Pilates reformer, motivada por las mujeres con ropa de colores pastel que inundan nuestras redes sociales. De hecho, hoy en día, casi todo el mundo se calza las zapatillas de correr. De la noche a la mañana, los corredores ocasionales que jadean en el primer tramo se encuentran corriendo maratones. Lo mismo ocurre con otros pasatiempos, que se supone que son distracciones secundarias, oportunidades para relajarse después del trabajo, no una búsqueda de la excelencia ni una competición.

En una sociedad que constantemente busca el éxito, incluso en actividades de bienestar, siempre aspiramos a más. No podemos empezar un hobby sin imaginarnos batiendo récords personales. Apenas comenzamos a caminar a paso ligero por la ciudad y ya soñamos con escalar el Everest. Este deseo de superarnos o progresar más rápido que el promedio tiene el efecto contrario y nos agota. Como resultado, perdemos el interés rápidamente, pensando: "Esto no es para mí". Según un estudio de la British Heart Foundation , la vida útil promedio de los hobbies entre los adultos apenas alcanza los 16 meses.

Presión social para "superar siempre los propios límites".

Por definición, una pasión es un "interés profundo en algo". Sin embargo, nuestra sociedad actual, que valora más la productividad que el disfrute que proporciona, ha distorsionado por completo el concepto mismo de afición. Tocamos un instrumento musical con la esperanza de convertirnos en una sensación de YouTube o unirnos a una banda exitosa, no para relajarnos. Cantamos, no para liberar nuestras emociones, sino para pasar las audiciones de un concurso de talentos televisivo. Es como si un jurado juzgara cada uno de nuestros movimientos. De hecho, nuestra voz interior suele ser más dura e inflexible que nuestro instructor de yoga o la persona que inició nuestro grupo de tejido.

Cultivamos aficiones para impresionar a nuestros seguidores, destacar en público y ganarnos la admiración, como si nuestras vidas fueran un anuncio publicitario irreal. «Añadir presión financiera a una pasión o fijarnos metas demasiado ambiciosas puede perjudicar nuestro bienestar, ya que nos priva del simple placer de disfrutar de esa actividad», explica la terapeuta Rose Fisher en Refinery 29 .

Además, los pasatiempos cumplen una función completamente distinta: son, ante todo, momentos de evasión. No debemos intentar ser los mejores alumnos ni superar al profesor, sino simplemente experimentar. No importa si nuestro dibujo se parece al de un niño de preescolar o si nuestra postura de yoga es incorrecta. La idea es despejar la mente. «Practicar pasatiempos ocasionalmente por puro placer es importante para nuestra salud mental y nuestro bienestar general», añade el experto.

La contrapropuesta: tomarse el ocio a la ligera

No deberías apuntarte a clases de escalada solo para recibir halagos en las cenas familiares. Tampoco deberías probar la danza contemporánea únicamente para poder decir : «¡Mira lo que puedo hacer!». ¿Y si el secreto no fuera encontrar una pasión que te defina, sino simplemente una actividad que te haga sentir bien en el momento? No necesitas ser un prodigio del piano, un experto en ganchillo o un futuro maratonista para legitimar tu afición. Un pasatiempo no tiene por qué convertirse en una actuación secundaria ni en una nueva frase disfrazada para tu perfil de LinkedIn.

Según la terapeuta Rose Fisher, las actividades que se realizan sin un resultado específico abren la puerta a lo que los psicólogos llaman estado de flujo. Este estado mental particular es aquel en el que uno está tan absorto en lo que está haciendo que el resto del mundo se desvanece. Dejas de contar los minutos, de revisar las notificaciones y de preguntarte si eres "lo suficientemente bueno". Simplemente estás ahí, concentrado, presente, casi ingrávido.

Esto es precisamente lo que muchos adultos han perdido por el camino. Al convertir cada afición en un proyecto de superación personal, olvidamos la sensación más valiosa: la de hacer algo sin expectativas, sin validación externa, sin una lista de objetivos que alcanzar. Quizás te encanta pintar sin saber dibujar con la perspectiva adecuada. Quizás te apasiona cantar desafinando en la cocina o la jardinería sin lograr que una planta de albahaca sobreviva más de dos semanas. ¿Y qué? El placer no requiere un certificado de competencia.

En definitiva, un hobby consiste en satisfacer un deseo personal, no en la presión de la imagen. Y a veces es mejor hacerlo a medias que dedicarle toda la energía.

Émilie Laurent
Émilie Laurent
Como experta en palabras, manejo recursos estilísticos y perfecciono el arte de los remates feministas a diario. En mis artículos, mi estilo ligeramente romántico te ofrece sorpresas realmente cautivadoras. Disfruto desentrañando temas complejos, como un Sherlock Holmes moderno. Minorías de género, igualdad, diversidad corporal… Periodista al límite, me sumerjo de lleno en temas que generan debate. Adicta al trabajo, mi teclado a menudo se pone a prueba.

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