La verdad sobre tus antojos invernales (y por qué no deberías sentirte culpable)

Un nuevo año suele traer propósitos, y uno en particular no deja de surgir: comer menos y mejor. Pero no hay necesidad de ponerse a dietas drásticas, apagar el apetito ni limitar el peso de la comida al gramo. Si tienes un apetito insaciable en invierno, no es un problema, sino más bien un instinto de supervivencia. Necesitas compensar las calorías que pierdes por el frío.

Comer más en invierno, un reflejo natural pero censurado

Aunque unas cuantas ensaladas son suficientes en verano, en invierno nuestros estómagos están en alerta máxima y nuestras papilas gustativas hiperactivas. Tenemos un apetito de Obélix, y la estación no ayuda. El invierno es la época de la raclette , la fondue, las comidas familiares gigantescas y las meriendas nostálgicas. Prácticamente siempre estamos mirando el plato, y comer ya no es solo una necesidad básica, sino un pasatiempo en toda regla. Nuestro hambre es insaciable: duplicamos las raciones, nos deleitamos con platos contundentes y nuestros estómagos parecen controlar cada uno de nuestros movimientos. Y no hace falta haber esquiado todo el día para desear una tartiflette o unos gratinados cremosos.

Estos antojos, que intentamos calmar con jugos desintoxicantes y recetas dietéticas, no son patológicos. Son instintivos y no se deben a la falta de voluntad. En una época en la que los medios nos instan a perder el peso de las fiestas y nos bombardean con mensajes "adelgazantes", es hora de recordar esta realidad biológica.

"No se trata solo del hambre; es la forma en que el cerebro compensa el bajo estado de ánimo y la reducción de la luz solar, lo que puede fácilmente llevar a un ciclo de sobrealimentación", explica la Dra. Crystal Wyllie en Study Finds . En definitiva, no somos realmente responsables de estos antojos invernales; es un reflejo corporal primario. Se trata de lo más simple y obvio para llenar el vacío de dopamina y serotonina: el refrigerador.

El cuerpo busca energía… en los alimentos

"En invierno, hay que comer para entrar en calor", "Cuando el frío aprieta, la olla no debe estar vacía". Todos hemos escuchado estas frases de nuestros abuelos. Bueno, quizá sea hora de escuchar la verdadera voz de la sabiduría y dejar de culparnos por "deslices" que en realidad no lo son.

En invierno, el cuerpo trabaja más para mantener su temperatura interna. Incluso si estamos abrigados en casa, nuestro cuerpo percibe el frío exterior y activa sus mecanismos de protección. Esto requiere energía, que obtenemos de lo que comemos. De ahí la importancia de no ser demasiado exigentes con nosotros mismos ni con nuestra apariencia.

Durante el frío, la sensación de saciedad también es más difícil de conseguir, y no es solo una sensación. Debido al frío y a la falta de luz solar, la grelina, la hormona que nos provoca hambre, aumenta en el cuerpo. Al mismo tiempo, la leptina, que nos dice "ya basta", disminuye. Como resultado, podemos comer una raclette seguida de un fondant de chocolate sin sentirnos nunca "llenos". Esto nos engaña y nos lleva a comer en exceso.

¿Por qué ansiamos más que nada azúcar y grasa?

En invierno, no nos tienta la ensalada de pepino ni la salsa de zanahoria. Son los alimentos más grasosos que ni siquiera cumplen los requisitos para un Nutri-Score. Cuando tenemos antojos invernales, no buscamos una manzana fresca, sino pasteles contundentes, barritas de caramelo salado o directamente el bote de crema de chocolate. Esto no es necesariamente un signo de bulimia ni un reflejo de otro trastorno alimentario. La explicación "científica" es más tranquilizadora.

El azúcar y la grasa tienen algo en común: proporcionan un rápido impulso de energía. Al cerebro le encanta, sobre todo cuando se acumulan la fatiga, el frío y la falta de luz solar. Pero hay más que eso. Estos alimentos estimulan la producción de serotonina y dopamina, las hormonas del bienestar. En invierno, cuando nuestro estado de ánimo decae, el cuerpo busca instintivamente lo que lo tranquiliza. Una sopa cremosa, un postre de chocolate o un plato de pasta crean una sensación de seguridad emocional. No se trata de darse un capricho. Se trata de autorregularse.

Almacenar grasa en invierno, una necesidad

Estos antojos invernales, a menudo culpados pero rara vez comprendidos, no son antojos descontrolados ni resultado de dejarse llevar. Sin embargo, en la época en que nuestros antepasados usaban pieles de animales alrededor de la cintura, este sobrepeso no se criticaba, sino que se fomentaba. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California en San Francisco confirma esta teoría, a menudo utilizada como justificación.

"Acumular reservas de grasa en otoño, cuando abundan las frutas y los frutos secos, es una estrategia profundamente ancestral para sobrevivir al invierno", explica el profesor Andrew Higginson, biólogo, a The Telegraph .

El invierno es una temporada de retiro, lentitud y protección. Intentar comer como si fuera pleno verano suele ser una forma de autolesionarse. Tu cuerpo sabe lo que necesita para sobrellevar el frío, así que déjalo actuar.

Émilie Laurent
Émilie Laurent
Como experta en palabras, manejo recursos estilísticos y perfecciono el arte de los remates feministas a diario. En mis artículos, mi estilo ligeramente romántico te ofrece sorpresas realmente cautivadoras. Disfruto desentrañando temas complejos, como un Sherlock Holmes moderno. Minorías de género, igualdad, diversidad corporal… Periodista al límite, me sumerjo de lleno en temas que generan debate. Adicta al trabajo, mi teclado a menudo se pone a prueba.

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