Desde hace varios meses, una nueva tendencia está generando debate en las redes sociales. Algunos hombres posan con cartones de leche en la boca, haciendo alusión al tamaño de los senos femeninos. Si bien algunos lo consideran una simple broma, muchos internautas lo ven como una nueva forma de avergonzar a las mujeres por su físico.
Una tendencia viral que no le hace gracia a nadie.
El mecanismo es tan simple como problemático. Los videos , compartidos por miles, juegan con el hecho de que algunas mujeres tienen bustos más grandes —o, por el contrario, menos desarrollados— que otras. Todo esto se presenta con humor, como simple "contenido" diseñado para volverse viral. Pero eso es precisamente lo que resulta tan impactante. En las redes sociales, muchos usuarios han denunciado la tendencia, señalando que reduce a las mujeres, una vez más, a una parte específica de su cuerpo. Es un mecanismo tan antiguo como la burla misma, pero que las herramientas contemporáneas —videos virales cortos, monetización de contenido, algoritmos— amplifican a gran escala. Y eso hace que sea aún más difícil de controlar.
La humillación corporal, una forma de violencia banalizada durante mucho tiempo.
Más allá de esta tendencia específica, el debate que suscita pone de relieve una realidad más amplia: la persistencia de una cultura de la imagen corporal a la que las mujeres siguen estando ampliamente expuestas, sobre todo en internet. Según varios estudios de ciencias sociales realizados en los últimos años, hasta el 90 % de las jóvenes encuestadas afirmaron haber sido objeto de burlas o comentarios no solicitados sobre su aspecto físico. Las consecuencias son numerosas y están bien documentadas: alteración de la autoestima, trastornos alimentarios, ansiedad social y depresión. Lejos de ser meramente «irónicas», este tipo de burlas deja cicatrices permanentes, especialmente en las adolescentes, las principales usuarias y víctimas de estas plataformas.
El argumento del bumerán: "Pero las mujeres también lo hacen".
En los comentarios de los videos que critican esta tendencia, un argumento se repite constantemente: las mujeres también hacen bromas sobre ciertos atributos masculinos. Por lo tanto, "¿por qué no podemos burlarnos de sus pechos?". Esta lógica equivale a decir que dos errores hacen un acierto.
Sin embargo, la respuesta de los expertos es consistente. La humillación corporal, ya sea dirigida a mujeres u hombres, sigue siendo una forma de violencia y un mecanismo de dominación, que a menudo surge de un sentimiento de inseguridad en quien la practica. Responder con burlas recíprocas no soluciona nada; solo prolonga un ciclo en el que la humillación se convierte gradualmente en la norma. Esto es, en esencia, precisamente de lo que acusan los críticos de esta tendencia a sus defensores.
Hacia la responsabilidad colectiva en las redes sociales
Las redes sociales prosperan gracias a la popularidad, y su propia estructura fomenta la viralidad, independientemente del contenido. Sin embargo, la viralidad del contenido no constituye, en sí misma, un argumento moral. Un usuario puede optar perfectamente por no compartir una tendencia que se basa en la representación de otras personas. Este punto ya ha sido destacado por varios grupos feministas, quienes instan a los usuarios a reflexionar sobre su propio papel en la difusión de contenido humillante.
También es una responsabilidad que las propias plataformas tienen dificultades para asumir. Si bien algunos contenidos violentos o explícitos se moderan rápidamente, los chistes sexistas o gordofóbicos aún logran burlar los filtros automáticos.
Esta nueva tendencia sin duda no pasará a la historia de las redes sociales. Pero ilustra implícitamente una exigencia que merece ser reiterada una y otra vez: el cuerpo de la mujer —sea cual sea su forma— no es objeto de burla pública. Y la libertad de expresión jamás debe utilizarse para justificar el escarnio colectivo.
