Meghan Markle y el príncipe Harry han regresado a Australia por primera vez desde 2018, pero esta nueva "gira" no está exenta de polémica. Su presencia, que combina conferencias y retiros de bienestar, está avivando el debate sobre la línea que separa la causa pública de los negocios privados.
Una visita muy esperada, pero controvertida.
Según informes de prensa, la pareja, que llegó el 14 o 15 de abril de 2026, fue recibida en Sídney y luego en Melbourne con la misma curiosidad que durante su gira real de 2018. En aquella ocasión, su visita formaba parte del programa oficial de la Corona, con financiación pública y logística de seguridad estatal. Ahora, como miembros de la realeza que no ejercen como tales y que residen en California, su estancia se describe como una gira "privada" o "cuasi real", lo que cambia la percepción pública sobre el dinero invertido.
Eventos con precios exorbitantes
El meollo de la polémica reside en los precios que se cobran por el acceso a los eventos a los que asisten los duques de Sussex. En Melbourne, el príncipe Harry tiene previsto intervenir en una cumbre sobre salud mental llamada "InterEdge", cuyas entradas se anuncian a 997 dólares australianos (aproximadamente 600 euros), o incluso hasta 1978 dólares para algunos paquetes más "premium".
En Sídney, Meghan Markle es la principal atracción de un retiro de tres días organizado por su marca/podcast "Her Best Life" en un hotel de lujo. La participación cuesta 2699 dólares australianos (aproximadamente 1625 euros) por persona e incluye yoga, terapia de sonido, cenas y noches de discoteca. Una "experiencia VIP" adicional incluye una foto grupal con la duquesa, un desayuno privado y artículos promocionales, lo que refuerza la imagen de una escapada altamente comercial y exclusiva .
Seguridad a costa de los contribuyentes
Los debates también se centran en la seguridad. Al igual que durante su visita anterior, las autoridades australianas deben implementar medidas policiales para controlar sus desplazamientos, incluyendo el control de multitudes y la protección. Una petición lanzada por el grupo "Beyond Australia" en Change.org ha reunido más de 38.000 firmas, exigiendo que el Estado no gaste "ni un solo centavo" en seguridad, escoltas o logística para Meghan Markle y el príncipe Harry, ahora considerados "particulares que realizan actividades lucrativas".
Una imagen "empresarial" en auge
El equipo de Harry y Meghan ha insistido en que el viaje se financia con fondos privados, no con la subvención real británica. Su visita a Australia se presenta como una serie de compromisos filantrópicos, profesionales y mediáticos, en lugar de una gira de Estado. Sin embargo, la pregunta persiste para los australianos: ¿quién paga realmente la seguridad, la logística y la visibilidad que rodean a esta pareja, que sigue siendo un importante símbolo público de la monarquía?
El programa de la gira, una mezcla de cumbres sobre salud mental y retiros de bienestar, refuerza la idea de una estrategia comercial centrada en su imagen. Los medios de comunicación destacan que este tipo de evento solo es accesible a una minoría de personas con presupuestos elevados, lo que alimenta las críticas sobre la disparidad entre el deseo de inaccesibilidad y una postura benéfica. Muchos observadores también señalan el contraste con el mensaje de "servicio público" y accesibilidad que fue el tema central de su salida del palacio, considerándolo una "falsa realeza" o una "gira autopromocional".
Entre fanáticos, escépticos y críticos políticos
Las opiniones están divididas. Por un lado, algunos seguidores se mantienen fieles a la presencia de la pareja, que incluye visitas a pacientes en hospitales pediátricos y asociaciones locales, recordando algunos de sus compromisos anteriores. Por otro lado, se alzan voces críticas, especialmente de funcionarios electos locales y comentaristas, quienes consideran que la combinación de precios elevados, paquetes VIP y seguridad pública financiada con los impuestos ya no se corresponde con la idea de un trabajo "altruista".
En definitiva, la visita de Meghan Markle y el príncipe Harry a Australia en 2026 es un espejo que se le muestra a la sociedad, cuestionando cómo una familia real transformada en una "familia de influencers" se financia, se protege y se percibe a sí misma en el escenario internacional.
