Para las personas en silla de ruedas, los espacios públicos son como una carrera de obstáculos, un camino plagado de trampas. Subir a un autobús, saltar bordillos, cruzar el umbral de las tiendas... estas acciones, naturales para las personas sin discapacidad, representan un verdadero desafío para quienes tienen movilidad reducida. La infraestructura urbana no es compatible con este vehículo médico, que por lo demás está diseñado para ser todoterreno. Sin embargo, algunos gimnasios están proporcionando equipamiento adaptado para facilitar la movilidad de las personas con movilidad reducida. Y el vídeo de @thejourneyofabravewoman demuestra que hay esperanza.
Gimnasios más abiertos a la diversidad
Cruzar la calle, tomar el metro, subir y bajar de un piso a otro, abrir una puerta o incluso tocar el interfono… estas acciones parecen de lo más comunes para quienes pueden usar las piernas. Es una simple formalidad que no requiere casi ningún esfuerzo, salvo quizás una buena bocanada de aire.
Sin embargo, para las personas en silla de ruedas, desplazarse es una travesía ardua, plagada de obstáculos. Cada trayecto diario se convierte en un ejercicio de paciencia y requiere una gran capacidad de adaptación. Para ir de un punto a otro, estas personas, ya sea por discapacidad congénita o a consecuencia de un accidente, invierten el triple de tiempo. Según datos de APF France Handicap , 9 de cada 10 personas experimentan dificultades diarias para moverse por entornos urbanos.
Sin embargo, algunos lugares se están adaptando a esta realidad para ser más accesibles y fomentar la inclusión, que debería ser la norma, no un extra opcional. La creadora de contenido @thejourneyofabravewoman, que se desplaza usando solo sus bíceps, ofrece un ejemplo inspirador en su gimnasio. Para su silla de ruedas, que se ha convertido en una extensión de su cuerpo, no necesita levantarse para usar una máquina similar a una elíptica.
Puede desenroscar el asiento original con unos pocos movimientos y ocupar su lugar en la cabina del avión, sin tener que realizar una serie de maniobras complicadas. Para algunos, es solo un detalle, pero para ella, es el atisbo de un mundo mejor, uno que acepta la diferencia en lugar de rechazarla.
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Mantenerse activo a pesar de la discapacidad, una forma de celebrarse a uno mismo.
En el imaginario colectivo, la discapacidad supone el fin de toda actividad de ocio e impone un estilo de vida sedentario. Para esta joven, que irradia alegría de vivir y encarna el dicho «querer es poder», este nunca ha sido el problema principal. Nómada de corazón, pero sobre todo de espíritu libre, su discapacidad nunca ha sido un obstáculo ni una limitación. En cambio, la distribución de las calles, los edificios, las tiendas y el transporte público sí le ha causado frustración y ha trastocado sus planes con frecuencia.
Así que, cuando ve mejoras, por pequeñas que sean, solo puede aprobarlas. Esta máquina de ejercicios no es una revolución, sino un paso adelante bienvenido. Y cuando Marcela Marañón, su nombre real, no tiene ese privilegio, siempre busca maneras de saciar su sed de adrenalina y evadirse.
Como autora de una guía de viajes práctica para personas con su condición, promueve destinos diseñados teniendo en cuenta las limitaciones de movilidad. Ya sea practicando parapente sobre las colinas de Dallas o tirolesa sobre los densos bosques de Costa Rica, defiende la igualdad de oportunidades. Como nos recuerda a través de sus emocionantes experiencias y, a veces, decepcionantes observaciones, la discapacidad nunca debería ser una barrera, y mucho menos una prohibición.
Una invitación a repensar los espacios comunes
Esta máquina accesible sirve como un claro recordatorio de una verdad fundamental: el problema no siempre radica en la silla de ruedas en sí, sino en el entorno que la rodea. Un gimnasio equipado con aparatos adaptables permite que más personas hagan ejercicio sin tener que pedir un trato especial ni sortear obstáculos entre las máquinas.
Esta lógica debería extenderse mucho más allá de los gimnasios. Las aceras, el transporte público, los restaurantes, los hoteles y las tiendas deberían ser accesibles sin tener que anticipar cada obstáculo. Un escalón demasiado alto, una puerta demasiado pesada o unos centímetros menos de altura libre pueden convertir un simple trayecto en una verdadera odisea.
Marcela no pide un trato especial. Simplemente demuestra que los espacios diseñados para la diversidad corporal benefician a todos. Una rampa puede ser utilizada tanto por una persona en silla de ruedas como por un padre o madre con un cochecito. Una puerta automática facilita el paso a una persona con movilidad reducida, así como a alguien que lleva bolsas.
A través de sus videos, Marcela no solo muestra lo que una persona en silla de ruedas puede lograr, sino que, sobre todo, muestra todo lo que podría hacer si su entorno dejara de limitarla.
